Por Carlos Chavarría

El mundo se tardó años en evolucionar, entre  muchas y diversas razones fortuitas,  porque el misticismo y entrega que rodea al servicio hacia los demás muy pocas veces coincide con los hombres que detentan el poder.

No se trata de la locura en el y por el poder, que todo lo destruye, no, se trata de que los hombres que llegan pocas veces reúnen todas las cualidades que debe tener una persona que se supone se dedicará al servicio a favor de la sociedad.

Los que entran al juego del poder tienen sus propios vacíos morales, sus pasivos personales o déficits intelectuales que esos sí socavan su capacidad para comprender el mundo y afirmarse positivamente dentro del mismo al buscar el beneficio desinteresado para todos.

Ya empieza el rejuego electoral y otra vez se apuntan muchas personas para ejercer cargos para los que a todas las luces no tienen las aptitudes ni la experiencia que se requieren.

¿De donde sacan arrestos para suponer que tienen capacidad para administrar  ciudades tan importantes como Monterrey?. No es un misterio. Nosotros mismos le hemos hecho creer a los improvisados de ahora que sí saben cómo gobernar cuando votamos por los probados incapaces que elegimos ayer y que van en busca de otra liana para seguir montados en el presupuesto.

La gravedad y complejidad de los problemas que nos abruman, no dejan holguras para esperar otros 3 o 6 años perdidos hasta comprobar lo que de sobra ya sabemos. Los que están activos en la política actual no dan el ancho.

Jóvenes o viejos, tienen más discurso y mañas que capacidad, y los partidos que los postulan no son sino clubes del mismo buen decir, pero de muy dudosa preparación y honestidad.

Veamos los problemas a nuestro alrededor y evaluemos qué tanto se avanzó en el desarrollo hacia ciudades más humanizadas. Todos los conflictos se han agudizado.

Recordemos todos los discursos y ofertas de los que detentan el poder en la actualidad y que igual ofrecieron lo mismo que ahora pretenderán los nuevos y el circulo vicioso se enreda más.

Si nos guiamos por los resultados, perdimos seis años de oportunidades gracias a que en la política están enquistados una partida de incompetentes que no dejan avanzar.

Igual que ha impuesto la moda nuestro presidente, tienen la autoridad en todo, pero no se responsabilizan de nada, excepto de lo que favorezca su posición frente a la siguiente elección.

Mientras, la corrupción sigue reinando en todos los asuntos, la violencia en aumento, el hacinamiento urbano es el signo de nuestras ciudades, la educación para abajo, el agotamiento del agua y la contaminación del aire que respiramos hacen crisis.

La pandemia, el Chapo, el general, Lozoya, y todo lo demás “cayeron como anillo al dedo” para justificar su incapacidad y pocos resultados.

Qué lástima, ya no hay más estampitas a las que podamos implorar la salvación de este grupo de vivales que se hacen llamar a sí mismos políticos.