Por Waldo Fernández

Recientemente el presidente López Obrador anunció una serie de reformas con las cuales se pretende eliminar la subcontratación laboral conocida también coloquialmente como outsourcing. 

Como era de esperarse, lo anterior levantó críticas de algunos sectores y hubo señalamientos respecto a que si se elimina la subcontratación esto se traduciría en un golpe a la competitividad de las empresas. 

Palabras más, palabras menos, quienes critican esta propuesta dicen que las empresas o empresarios tendrán que pagar ahora más impuestos y que eso va encarecer los costos y que eso le va pegar a la utilidad del negocio. 

Tienen razón, PERO no tienen razón. Están “omitiendo” datos importantes. Te explico. 

Primero vamos a dejar claro cómo funciona la subcontratación. Imaginemos que tienes dos empresas. En una de ellas, a la que llamaremos la empresa A, están dados de alta como trabajadores los accionistas o dueños y directivos de primer o segundo nivel. Esta empresa es la que factura las grandes ventas y obtiene grandes ganancias. 

En la otra empresa, la B,  se encuentran dados de alta todos los otros trabajadores. Ejecutivos de tercer nivel, gerentes, jefes, obreros, intendentes etc… La fuerza laboral más grande del ciclo de producción y una que con su su trabajo contribuye a crear la riqueza que produce la empresa A. 

Pero esta empresa B le factura a la empresa A una cantidad mucho menor de lo que cuesta en realidad su fuerza de trabajo. Esa empresa A deduce el 100% de esa factura, pero la empresa B sale “tablas”. Muchas veces a tal grado que ni siquiera hay bono de productividad o utilidades para los empleados. 

Ojo aquí. Recuerda que la empresa B ayudó a crear riqueza junto con la empresa A, pero a la hora de partir el pastel entre los empleados, los que pertenecen a la empresa B se quedan como el chinito: Nomás mirando.   

En términos prácticos la subcontratación crea empleados de primera y de segunda o ¡hasta tercera! 

Pero como si esto fuera poco, resulta que algunos de los que recurren o recurrieron a este esquema, no sólo no le daban bono de productividad a sus trabajadores sino que además tampoco pagaban lo que les corresponde de IMSS o infonavit. 

No solo llevaban a cabo abusos laborales sino que, otra vez, como si eso fuera poco, cometieron evasión fiscal.  

Vuelvo al punto en el que arranqué este comentario. Cuando te dicen que si se elimina la subcontratación eso le va restar competitividad a las empresas están omitiendo a su conveniencia hechos importantes. 

Primero porque no te dicen que durante las últimas décadas los gobiernos anteriores crearon las condiciones “legales” para que las empresas pudieran ser competitivas a costa no sólo de bajos salarios y empleos precarios sino también mutilando derechos que los trabajadores ya se habían ganado. 

Entiendo que algunos actores, organizaciones o personajes ligados a un grupo de la élite haga estas críticas, pero me causa ruido cuando empresarios que no pertenecen a esa élite o incluso trabajadores de grandes empresas que recurren a esta práctica se oponen a que se ponga fin esta práctica que aunque pudo tener en un principio una buena intención, terminó siendo abusiva y afectando los derechos de los trabajadores mexicanos. 

En todo esto hay que reconocer la disposición del sector privado para trabajar junto con el gobierno federal en una ruta que permita concretar esta reforma. Contrario a lo que algunos grupos plantearon al principio, no hubo un rompimiento y por el contrario sector privado y gobierno se sentaron a negociar la manera en llevar a cabo esta reforma poniendo por delante el bienestar de los trabajadores y empresarios mexicanos. 

Porque aunque también haya quien no quiera verlo, la realidad es que el bienestar de trabajadores y empresas no están peleados y, por el contrario, van de la mano. 

Al final del día, la competitividad de una empresa no puede estar sujeta a esquemas de ilusión o de evasión fiscal, la competitividad de una empresa no puede estar sujeta a la supresión de derechos laborales o la simulación de actos jurídicos que les permitan sacar dinero de delitos, fraude, simulaciones, la competitividad de una empresa está en lo más importante que es, la capacidad de sus dirigentes para llevar a cabo este negocio y la capacidad de su mano de obra, de su fuerza laboral. 

Hoy, esta reforma permitirá saber qué empresas en México son verdaderamente competitivas y qué empresas en México, simple y sencillamente con el dinero de nuestros impuestos al eludir el pago de estos impuestos, crearon una fantasía llamada competitiva.