Por Félix Cortés Camarillo

Me acuerdo de cuando el subsecretario de Salud, López-Gatell (dice el bárbaro de Calderón que es precandidato a la medalla Belisario Domínguez; pásala pa´andar iguales) reconoció que nuestras situación sería catastrófica en el momento en que la cifra de muertos llegara por la pandemia a sesenta mil seres humanos. Era una cifra bastante lejana en aquel entonces, a mediados del año. En aquel entonces le pregunté al presidente López a través de estas líneas cuál sería el adjetivo para la situación, en las fiestas navideñas de este año, cuando llegaríamos a los cien mil fallecidos.

Hoy lunes estamos a escasas tres semanas de llegar a la fecha en que se recuerda en el mundo cristiano el nacimiento de Jesús y ya hemos superado por más del diez por ciento la cifra pronosticada por mí sin malicia.

La realidad es que el conjunto de las autoridades de nuestro país no han logrado más que envolvernos en una danza de cifras incongruentes, sin justificación ni pertinencia; estamos inmersos en una marisma de confusiones que a veces podrían considerarse intencionales.

Por principio de cosas se nos sigue vendiendo la ilusión de que la aplicación de la vacuna -de las que hay por lo menos cuatro ya en el mercado- será la solución al mal que tanto nos ha aquejado en la salud física y la pecuniaria. Independientemente de que para ninguno de los males la vacuna en sí no es una cura, sino una infección intencional y controlada para producir en el humano una viralidad semejante y contraria a la del mal a prevenir.

En segundo lugar, los anuncios de los diferentes laboratorios en pos de un mercado multimillonario (las vacunas NO son de tóquemela, máistro) se han apresurado a aseverar que su producto asegura un rendimiento superior al noventa por ciento, sin más pruebas que su dicho. Luego están las dificultades de almacenamiento, transportación y distribución de las muestras. La vacuna Pfizer, primera en recibir el entusiasta apoyo del carnal Marcelo, sabelotodo de todas las ciencias, sucede que requiere temperaturas inferiores a los setenta grados centígrados bajo cero. Es evidente que nuestro país no tiene las condiciones para manejar y aplicar ese preventivo.

Todo parece un juego malévolo para engañar al impaciente enfermo que es la sociedad mexicana, haciéndole creer que es ella la responsable y la culpable de sus penurias.

El gobierno de Nuevo León, sí, ese de El Bronco, se lanzó como el Borras a suspender virtualmente toda la actividad comercial y laboral en el Estado el fin de semana que acaba de terminar, con el caos, irritación, daño económico y molestia imaginable. Ya dijo el gobernador que si se siguen portando mal los nuevoleoneses, la medida se extenderá a la semana entera. O sea, que nos llevan al baile.

 Y todavía quieren que votemos por ellos.  

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿la merma en las reservas familiares por la cancelación de los contratos de Pemex con la empresa de su prima Felipa Guadalupe se limita a los 365 millones de pesos? Y si puedo una segunda cuestión, ¿cuántos primos y primas tiene? ¡Qué bonita familia!

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