No por las críticas del papa Francisco a quienes salieron de vacaciones en la fase más compleja de la pandemia a nivel global, sino por elemental responsabilidad personal, el presidente López Obrador canceló su viaje de cada año a Palenque, Chiapas, donde pasa con su familia prácticamente todos sus periodos de descanso.

El gobernante debe dar el ejemplo y, con absoluta seriedad, Andrés Manuel lo dio. Sigue siendo éticamente una obligación quedarse en casa. En este sentido, el tuit del 30 de diciembre del año pasado del doctor López-Gatell ha sido admirable:

“Las conferencias de prensa de salud para presentar el informe técnico diario sobre #COVID19 se retomarán el lunes 4 de enero. La actualización diaria de cifras continuará en coronavirus.gob.mx. Sigamos los cuidados para prevenir contagios; por favor #QuédateEnCasa.”

Pero decir una cosa y hacer la contraria a veces tiene consecuencias. El estratega en jefe, ejerciendo su derecho a vacacionar, no siguió su propia recomendación: se fue de vacaciones a una playa de Oaxaca. En sí mismo esto era bastante grave, pero las cosas se le complicaron muchísimo más al subsecretario porque se le fotografió dos veces: la primera, sin cubrebocas en un avión comercial; la segunda en un restaurante en la arena, al aire libre sí —ello es una protección importante contra el coronavirus—, pero evidentemente en un lugar en el que nadie respetaba la sana distancia.

Pensé que el presidente AMLO, quien no batalla para hacer suyas las broncas de sus subordinados, iba a defender a Gatell en la mañanera de este lunes. No lo hizo. Reconoció Andrés el trabajo de Gatell y ahí paró la defensa. Después, López Obrador dijo que será el propio epidemiólogo quien explique su absolutamente inadecuado comportamiento.

Si Hugo López-Gatell entiende de dignidad personal y conserva un mínimo sentimiento de gratitud hacia AMLO, solo podrá dar una explicación aceptable: la de no explicar nada, pedir perdón y renunciar. Que el presidente de México le acepte la renuncia, o no, es otra historia.