Por Carlos Chavarría.

“El secreto de la administración y liderazgo

 frente a las crisis no se trata de buenos y malos,

¡sino prevenir que lo malo no se ponga peor!”.

Alan Gilman.

Los errores estratégicos siempre se pagan y en todos los gobiernos se cometen, a veces en exceso y en áreas críticas, y los costos consecuenciales se propagan y multiplican.

Todos los gobiernos en los tres niveles siempre han usado la errónea estrategia de financiar sus problemas de caja postergando el mantenimiento de la obra pública sin querer aceptar que la hacerlo, están contratando un pasivo y riesgos que se presentaran sin importar las circunstancias políticas imperantes.

La Ley de Murphy es implacable, “los equipos fallaran cuando más se necesitan y en los momentos más indeseables, multiplicando la propagación de sus efectos”. Hoy es época electoral. Para todo fin práctico, fue el peor momento para esta administración de la Cd. de México y el de la república, por “haber pateado el bote del mantenimiento a los que siguen”.

Hace algunos años se suscitó una gran controversia entre la Ford y la Firestone debido a una serie de accidentes mortales que ocurrieron en su línea de camionetas.

Los peritajes no eran concluyentes y ambas compañías se la pasaron culpándose mutuamente por la tragedia. Con su respuesta ante la crisis, ambas organizaciones cometieron el error de verse como culpables cuando debieron, frente al público, mostrarse como empresas socialmente responsables.

Hoy, con el terrible accidente en la Línea 12 del Metro de la ciudad, el único personaje involucrado que se presenta como una persona responsable fue Marcelo Ebrard, quién de inmediato acepta someterse al escrutinio de las autoridades del caso para deslindar su propia responsabilidad y de paso darle una abolladita a la armadura de su compañera y competidora Sheinbaum.

El Presidente en su desesperación de que haya ocurrido esta tragedia en su peor momento, el electoral, se encoleriza y pierde de vista que su papel es investigar y responder por los daños de todo tipo, se vio a sí mismo como culpable y no como una persona seria, confiable y responsable. El 6 de junio ahí estará el hueco en el viaducto para recordar el derrumbe.

La jefa de Gobierno de la ciudad, los diputados, los del metro, quedan peor parados que el presidente. Los demás acólitos de MORENA solo hacen el ridículo.

El presidente escogió la más pobre de las estrategias para salvar su proyecto político frente a la crisis. Usar la soberbia del poder para tratar de torcer la realidad hacia la búsqueda culpables en algún otro lado cuando la responsabilidad está totalmente en sus manos y equipos de trabajo.

“¡Al carajo!, eso es hipocresía, propia del conservadurismo a la que no me presto”. No puede estar más obnubilado por su enojo alguien que ante las crisis, un líder, descarga su ira a diestra y siniestra para buscar incendiar cuando lo que se requiere es la luz de la verdad. Esta es otra interesante reacción del presidente.