Por Félix Cortés Camarillo.

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Mariguana tuvo un hijito

y le llamaron San Expedito.

Oscar Chávez, Coplas de la Mariguana

            Se atribuye a Mesoamérica el origen y difusión de la mariguana, de manera especial sus efectos narcóticos que supuestamente propician la evasión de realidades ingratas a quienes queman a modo de cigarrillo sus hojas. No es así. La planta hizo un viaje largo desde las mesetas asiáticas hasta la península ibérica, en donde ya se conocían las propiedades analgésicas de su aceite.

            La planta del cáñamo, madre de todos los viajes, llegó a América en forma de cordeles en las naves de Colón, pero fue Cortés el que propició su cultivo en México. Se sospecha que ya el conquistador se las tronaba, pero no hay evidencia.

            Sólo en la Colonia, cuando comenzaron los asentamientos urbanos, los villanos comenzaron a descubrir sus virtudes analgésicas y de evasión. No debe parecernos raro que a la yerbita encantadora hasta la Revolución fuesen consumidores entusiastas.

            La tradición de sometimiento y maltrato a los soldados se trasvasó al siglo veinte. Por eso, la sociedad en proceso de conformarse llamó a los militares sardos y mariguanos. Fue hasta la mitad del siglo pasado que la sociedad mexicana le quitó el estigma a la yerbita encantadora y le dio ingreso a sus íntimas fiestas. En ello tuvo mucho que ver que la segunda guerra mundial introdujo a su uso a los integrantes del mayor mercado del mundo para todas las drogas evasivas: nuestros vecinos del norte. 

            El mercado de las drogas evolucionó con una gran rapidez; no sucedió lo mismo con la reacción del Estado hacia su cultivo, tráfico y consumo. Evidentemente, el fenómeno de la prohibición norteamericana al alcohol se replicó aquí. La prohibición fortaleció el consumo e incrementó la violencia relacionada con su tráfico.

            Como siempre, hemos llegado tarde y mal al progreso.

            El poder judicial ha levantado la penalidad a la posesión y consumo lúdico -eso quiere decir para el gozo- de la mariguana.

            El tema es que no hay legislación que soporte esa decisión jurídica. Sigue siendo un delito tener en posesión cierto gramaje de la yerba y consumirla en sitio público o presencia de menores. La moral hipócrita que nos rige sigue haciéndose pendeja.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Con todo respeto, señor presidente: ¿ya se armó el PRIMOR?