Por Obed Campos

Dime como vuelas, y te diré quien eres…

“Vámonos respetando, no somos iguales, que no me confundan porque eso sí calienta” es la frase que patentó el presidente Andrés Manuel López Obrador desde que asumió al poder, al querer decir que todo ha cambiado en este país y que ya no existe una clase divina. Sin embargo…

La muestra de que todo cambió, pero para ser igual, la dieron el hermano (no tan incómodo) del presidente, Pío López y el diputado local por Nuevo León, el panista Luis Susarrey.

Al primero, al impresentable Pío, le dieron trato de pachá: ya que tras cancelar su vuelo de Tuxtla Gutiérrez a la Ciudad de México, el hermano de los video-escándalos no sufrió y por misterios de la 4T le consiguieron un asiento en el siguiente vuelo de la línea Aeroméxico.

Claro que los otros pasajeros, que “no son iguales”, tuvieron que esperar 5 horas de retraso, publica hoy El Norte.

En cambio, el panista diputado Luis Susarrey, tuvo que dormir en una banca en el aeropuerto de la Ciudad de México, porque “no es igual” que el hermano presidencial.

Y así lo dio a conocer en sus redes sociales, de acuerdo a El Horizonte, el legislador de Nuevo León.

Susarrey sin privilegio alguno pasó la noche en el aeropuerto de la capital del país, ya que su vuelo se pospuso en tres ocasiones supuestamente por “sobreventa” de boletos, o porque un piloto dio positivo a Covid-19 o por humanos errores de logística.

O como diría José Alfredo: “Que no somos iguales… dice la gente…”

Y SAMUEL NO SE SABE OTRA

Tal parece que las ideas constructivas no sobran en torno al gobernador electo Samuel García Sepúlveda, quien no se sabe otra cantaleta más que la del proyecto de ampliar el puente Colombia y construir, (como tantos otros lo prometieron) una carretera nueva que vaya de La Gloria al paso fronterizo.

Y está bien, pero el estado tiene otras urgencias más prioritarias, como el tema de la inseguridad, o el abasto de agua, que va a hacer mella a partir de pasado mañana y que ya está causando resequedad en las llaves de las casas.

Samuel debe de aprender, como decía la canción ochentera a no prometer lo que no será… O al menos a cantar otras canciones.

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