Por Félix Cortés Camarillo

¡A ver si tengo cura!

Sólo quiero ser yo

Y ahora parezco mi caricatura…

Joaquin Sabina, «Oiga Doctor»

El resultado de la consulta popular impuesta por el presidente López para el domingo pasado era perfectamente previsible. Igualmente lo era la discusión sobre resultados y procedimientos del evento: en los diarios de ayer, y seguramente también en los de hoy, todos los protagonistas de esta farsa se proclaman triunfadores.

Los resultados oficiales preliminares, y no necesariamente erróneos, indican que menos del 8 por ciento del padrón electoral nacional se apersonó a contestar le pregunta rosa. En su gran mayoría, ese minoría respetable contestó a que sí.

 El tema es que nunca  supo a qué sí estaba contestando.

El aparato de la propaganda gubernamental del presidente López nos vendió la idea de que la consulta era para saber si los mexicanos estábamos o no de acuerdo en llevar a juicio penal a los ex presidentes de México por sus supuestas pillerías. Se infería que si votábamos sí, desde Salinas de Gortari hasta Peña Nieto enfrentarían juicios por diversos delitos y eventualmente acabarían en el bote.

Absolutamente falso. Ninguno de los reales juicios en contra de ex presidentes han sobrevivido al paso del tiempo que les hace prescritos. Luis Echeverría, Ernesto Zedillo, Felipe Calderón tiene procesos que ya caducaron.

Pero el domingo se trataba de lo que en el teatro llamamos astracanada. La nueva redacción de la boleta rosa, traducida al castellano contemporáneo decía: «¿Aprueba usted que de acuerdo a la ley, los funcionarios que hayan causado daño a la Nación sean sometidos  a  juicio?»

No es tan difícil redactar, ¿verdad? El galimatías que presentaron ya es de sobra conocido.

Para el Instituto Nacional Electoral, la mera instalación civilizada de las mesas de colección de boletas de opiniones, su debido proceso, conteo y reporte a la jurisdicción correspondiente es un «éxito». A diferencia de lo usual, el consejero presidente del INE, el licenciado Córdoba, no se equivoca.

Según el criterio de la pandilla promotora de este ejercicio, el resultado es bueno a pesar de la conjura del INE para disuadir a los opinantes que pretendieran emitir su opinión. De acuerdo a lo que expresa la débil oposición al presidente López, el bajo índice de boletas es una muestra de rechazo a la política de Andrés Manuel López Obrador.

 Todos tienen razón, pero nada es cierto.

En mi opinión, que no suele ser humilde, se trata de un problema de semántica. Esto es, de no saber qué significan las palabras.

El preciso, esto es el presidente López, como acostumbra, diseñó una consulta, que tanto le gusta, y que le ganó el aeropuerto de Santa Lucía entre otras cosas. Sus acólitos entendieron un plebiscito, que es la expresión de la plebe en favor del caudillo. Los de la oposición, si existiere, creyeron ver un sufragio, que requiere tener opciones -candidatos- para que tenga validez.

Son tres instancias válidas de la práctica de la democracia. Nada más que la consulta es como la del médico: ¿qué me pasa doctor?, para obtener un diagnóstico de males. El plebiscito, que suele tomar la careta de referéndum,  es una decisión de la plebe para ratificar o rectificar una decisión tomada del gobernante. El sufragio es la elección por alguna opción específica protagonizada por candidatos.

Tengo para mí que el ejercicio de la consulta es un avance en los procesos democráticos. Yo sugiero que se hagan consultas populares sobre otros temas mucho más importantes que las venganzas acumuladas: Algunas preguntas: ¿Se ha combatido la pandemia correctamente en nuestro país? ¿Considera que hay suficientes medicinas y recursos médicos que México necesita? ¿Debe perseguirse con rigor y legalidad a los delincuentes?

 Me sobran otras.

Vamos al segundo round: ahora Morena y el presidente López pretenden instalar tribunales del pueblo, cortes populares y en el último y cubano precedente, paredón.

Todo depende de nosotros, los que sí votamos.

felixcortescama@gmail.com