Por Félix Cortés Camarillo

La preocupación de los españoles en estos días no es que el gobierno logre en algún lugar de Europa la captura y extradición de Carles Puigdemont, quien fuera presidente de la Generalitat de Catalunya y es hoy diputado ante el parlamento europeo, para que se lo envuelvan de regalo, lo manden a Madrid y sea sujeto a juicio. Tampoco es la crisis económica que le dejó a la industria del turismo a España la secuela de la pandemia. Ni siquiera la violenta explosión del volcán en la isla La Palma, en las islas Canarias, cuyos arroyos de lava ya llegaron al mar, levantando nubarrones de vapores llenos de ácido clorhídrico, de suyo bastante tóxico.

La preocupación de los españoles es hoy en día el precio de la energía eléctrica. En el curso de un año, el precio del kilowatt/hora se duplicó y llegó a doscientos euros. La semana pasada rasguñó la barrera de los trescientos. Los gobernantes españoles, que son iguales que los gobernantes de todo el mundo, salieron con la declaración de que los iberos debieran estar agradecidos: en Inglaterra el kilowatt/hora está costando casi 400 libras esterlinas. Mi abuela solía decir en estos casos algo de que mal de muchos….

Debo confesar que no tengo la menor idea de lo que cuesta un kilowatt/hora en México. La cuenta de mi consumo en casa, que equivocadamente llamamos recibo, es tan confusa que dudo que alguien pueda descifrarla. Fundamentalmente porque no existe un costo claro y específico de esa unidad de medida: las tarifas eléctricas en México son diferenciadas dependiendo de la hora en que se consume la energía eléctrica y la cantidad que se usa.

Los consumos menores, y los hechos en ciertos horarios que no están del todo claros, tienen un costo menor. A partir de cierto límite la tarifa se dispara hacia arriba.

De lo que no queda duda es que la energía eléctrica está, desde los benditos tiempos del neoliberalismo fifí, fuertemente subsidiado: los mexicanos no pagamos por la luz lo que cuesta producirla.

Quitar el subsidio a la energía eléctrica no puede compararse a la liberación de los precios de las gasolinas: no quiero imaginarme el efecto social en el caso de que la cuarta simulación nos saliera con que ahora sí los mexicanos vamos a pagar el precio real por la energía.

Abrigo el fundado temor de que la energía eléctrica va a ser, como todo ahora, más cara. Mucho más. Resulta que en México la electricidad se genera quemando gas, que importamos, y derivados del petróleo, que importamos también. Y que tienen una tendencia al alza en sus precios, que le rezumba el mango.

Por otra parte, el generoso y dispendioso gobierno de la cuarta simulación se ha dedicado a gastar sin generar ingresos, sin propiciar que las empresas mexicanas o extranjeras arriesguen su plata en abrir nuevas plantas, empleos, movimiento económico, prosperidad. Lo suyo es la caridad, que al final del día, termino siendo muy cara.

El experimento del Gas Bienestar fue un soberano fracaso. Porque no hay gas, no hay tanques, no hay choferes, no hay sistema
No hay dinero.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Ya reaparecieron en el Zócalo l@s encapuchad@s (no es cuestión gramatical, es que traen capuchas) en la manifestación pro aborto. ¿Hasta cuando los va a seguir patrocinando la política de abrazos no balazos?

felixcortescama@gmail.com