Por Félix Cortés Camarillo

La Cámara de Diputados ha aprobado, sin tocarle una coma, los dictámenes iniciales de la llamada miscelánea fiscal propuesta por el Ejecutivo. Se trata de la parte más importante, la que determina la forma en que el gobierno se hace de ingresos por la única manera que conoce: exprimiendo el bolsillo del gobernado por el camino fiscal. En lo general y en lo particular, la mayoría del partido en el gobierno turnará la documentación al Senado, en donde se supone que el buen juicio debe imperar.

            Lo que la administración del presidente López no quiere confesar pero que todos los mexicanos tenemos muy claro, es que las arcas del gobierno se están vaciando. La siniestra combinación de programas asistenciales que equivalen a la caridad cristiana y una lenidad para fomentar el desarrollo por el camino de la inversión, la productividad y el consumo, no suele generar riqueza.

            El óbolo de los programas sociales, que son el electoral frijol con gorgojo del actual gobierno, convertido en mínimas aportaciones en efectivo a los adultos mayores, estudiantes, discapacitados y ninis, se confunden con los escasos y mal administrados ingresos de Pemex y la maltratada industria turística que la pandemia ha convertido en un lastre de la economía nacional y no en un sustento.

            El sustento que vergonzantemente presume cada vez que puede el presidente López, son las remesas de los braceros mexicanos en los Estados Unidos, que rasguñan ya el estimado de los cincuenta mil millones de dólares al año que corre, más del 4% del producto interno bruto.

            En lugar de sentir vergüenza de que el gobierno sea un mantenido de los mexicanos que no encontraron trabajo en su país y tuvieron que buscarlo en el Norte, el presidente López presenta con orgullo esa aportación como su fuera un logro de su administración. Tan es así, que en un pestañear, en cuanto logre la infraestructura necesaria, el presidente López dictaminará que todas esas remesas pasen por la llamada Banca del Bienestar.

La limosna, que se ha llevado y traído por doquier en estas líneas, va a sufrir un cambio si los lineamientos fiscales del presidente López prosperan. A saber, las empresas que suelen hasta hoy dedicar una parte importante de sus ingresos brutos a impulsar obras de asistencia social, cultural o deportivas: unos ocho mil millones de pesos dicen los que saben.

            Ese dinero los empresarios lo deducen de los impuestos. Y esa cuota va a ser reducida drásticamente.

            Es comprensible y plausible esa reducción: las empresas no están para dar limosnas; su papel es invertir, crear empleos, pagar buenos sueldos y cumplir con sus obligaciones fiscales. Atender las otras necesidades sociales es cosa del Estado. Cuando lo sabe hacer. Ahora, ante la incapacidad del gobierno de brindar servicios sociales, culturales y deportivos, se agradece el apoyo, aunque se esquilme de la declaración de impuestos, pero ahora está en trámite de extinción. Los beneficiarios de esa estratagema, como diría mi abuela, se van a quedar sin Juan y sin las gallinas.

            En esencia, el paquete fiscal tiene que cubrir las pifias y deficiencias de la administración de esta llamada cuarta simulación. Al gobierno que le sigue, sea cual fuere su bandera, va a tener que corregir muchas barbaridades.

            La limosna, que no es otra cosa que la filantropía a la que acuden los ricos cuando algún rescoldo de compasión o arrepentimiento se aviva, es una virtud cristiana. El gobierno de un país es el ejercicio de capacidad y honestidad combinadas. Nada más. Pero tampoco nada menos.                     

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): El teatrito del subsecretario López-Gatell y que el presidente López patrocina se está desplomando. En la urgencia de vacunar a toda costa se aplicaron a muchos mexicanos vacunas a las que todo el mundo les hace el feo; ahora los mexicanos así vacunados a troche y moche no pueden viajar a ciertos países. Como si fuera poco, los certificados de vacunación del gobierno mexicano son inexistentes, incompletos o retrasados. ¿A qué se debe?

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