Por Francisco Tijerina Elguezabal

“Toda la naturaleza es como un arte desconocido del hombre.” //Alexander Pope

Un buen gobierno no es aquel que hace muchas o medianamente bien las cosas, sino el que es capaz de sobreponerse a los imponderables y las circunstancias externas que debe enfrentar y puede hacerlo con éxito.

Cuadrar un presupuesto en un ejercicio de planeación no debe ser algo demasiado complicado. Tiene, sí, la enorme carga de priorizar y ponderar obras, programas y acciones, aunque a cambio tienes datos inamovibles sobre el costo que representan sueldos, salarios y buena parte de la operación en gastos fijos.

Pero de eso a anticipar el futuro, ni el mejor de los magos o los adivinos, porque nadie es capaz de anticiparte los acontecimientos que te pueden cambiar el rumbo de las cosas y ante los que necesariamente debes tomar una decisión, misma que repercute en otras cosas porque resulta que quieras o no el presupuesto es finito, por lo cual tienes que dejar de meterle dinero a un tema para dedicarlo a otro que no tenías contemplado.

A punto de iniciar el último mes del 2021 el mundo está alerta por la nueva variante del Covid-19 llamada “Ómicron”, que ha provocado ya diversas reacciones en Europa y que refuerza las medidas que desde hace algunas semanas ya habían empezado a tomar algunos países ante la “cuarta ola” del coronavirus.

Pero en México otra vez, para variar, pareciera que el asunto nos toma dormidos. Lejos de levantar las antenas y tomar previsiones, ya estamos planeando las posadas y las autoridades de Salud levantando restricciones para aprobar aforos del 100 por ciento en todos los comercios; a ver si en enero no empezamos a pagar las consecuencias.

El punto es que ante un futuro indescifrable lo recomendable sería que los gobiernos fuesen cautelosos en la elaboración de sus presupuestos, manteniendo reservas y sobre todo operativos sus activos físicos y humanos, así como los recursos financieros necesarios, para afrontar una crisis que llene los espacios hospitalarios y que al mismo tiempo demande una enorme cantidad de pruebas para la ciudadanía.

Ya lo vivido en los últimos tiempos nos ha enseñado el qué hacer, pero diese la impresión de que no hemos aprendido a tener las reservas suficientes para enfrentar una contingencia.

Nadie nos puede anticipar las repercusiones de un fenómeno natural, llámese huracán o incendio forestal, a pesar de que ya tenemos claro que no hay Fonden que nos ayude y si no pregunten en la Sierra de Santiago el tamaño del desastre y de dónde han venido los apoyos de la necesaria mitigación que se requiere para la reforestación.

Diese la impresión ante tantos anuncios de obras y acciones del actual gobierno de Nuevo León que se han hecho proyecciones sobre escenarios óptimos y eso, además de cambiar por cualquier eventualidad, echará por tierra la imagen y promesas del nuevo gobierno.

Los imponderables existen y hay que tomarlos en cuenta.

ftijerin@rtvnews.com