Por Obed Campos

La leyenda cuenta que fueron los comerciantes los que inventaron las fiestas de la Navidad, en venganza porque Jesús los echó del templo.

Debe de haber sido una mente muy “grinch” la del hombre (o mujer, por qué no) que se le ocurrió semejante mentecatada, aunque hay que reconocer que estas fiestas sí tienen sus bemoles.

Apunte usted, en primer lugar, que gastamos lo que no tenemos para “quedare bien” con quien a veces no lo merece… o ni siquiera nos lo agradecen.

En segundo lugar, pero no menos importante, es que le damos vuelo a la hilacha en cuestión de la embutida. No tenemos saciedad ni en el comer ni en el beber.

Y hablando de beber, a cuántos no se nos hace fácil beber y manejar en estos días…

Aún así, a mi diciembre y sus posadas me encantan. Primero porque aun me queda un niño en mi casa (y a lo mejor porque yo nunca he dejado de ser un infante).

Pero también me encanta el reencontrarme con la familia y algunos amigos (y otros no tanto).

Yo diciembre lo disfruto todo. Desde el día primero hasta el 31, cuando, generalmente alrededor de una fogata despedimos el año. ¿Muy salvaje? No lo creo.

Pero bien, esta noche es noche buena y mañana Navidad, como dice la canción.

De todo corazón le deseo a usted que me hace el honor de leerme, que todos sus deseos se le concedan y que la paz sea con usted y su familia.

Desde estas humildes líneas le deseo la más feliz de las navidades… Ya en enero volveremos a hablar de la inmunda política.

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