Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

México es uno de los países del mundo donde menos impuestos se pagan, una suerte de paraíso fiscal disfrazado de país en vías de desarrollo… México recauda menos impuestos que las Bahamas, que es un paraíso fiscal declarado. // Viri Ríos

Compartir el poder en el centro de trabajo implica acabar con la organización monárquica que actualmente existe en las empresas. // Thomas Piketty

Después de todo, el 44 % del electorado, millones de mis compatriotas, votaron en contra de Boric y por José Antonio Kast, un admirador ultraderechista de la dictadura, un político retrógrado que había prometido, entre otros desmanes, cerrar el Museo de la Memoria. Si hubiéramos sembrado por cada aldea y villa y rincón del país placas con los nombres de quienes fueron dañados irreparablemente por esa dictadura, tal vez Kast hubiera tenido menos apoyo, tal vez viviríamos en una sociedad donde sería imposible que alguien aspirara a la Presidencia sin haber repudiado tajantemente a Pinochet y sus crímenes de lesa humanidad. Tal vez las piedras cantarían para que todos las oyéramos. // Ariel Dorfman

(Hace falta pagar impuestos), sobre todo los ricos. A ellos no les hace falta el Estado de Bienestar, vale, pero tienen la responsabilidad de contribuir a él. Tener una buena educación y una buena sanidad nos hace más iguales. También contar con una fiscalidad social, feminista y verde. // Yolanda Díaz

Durante 50 años, en Estados Unidos, las grandes empresas contribuyeron con grandes cantidades de impuestos a generar una clase media fuerte. Hoy, después de una crisis financiera y de una crisis pandémica, convendría que eso volviera a ocurrir en todo el mundo. //  Thomas Piketty

El pequeño universo del Directorio tenía su interés para curiosear un buen rato, y la Sección Amarilla no se dijera: ¿quién no miró los anuncios de los detectives privados, antes de los devocionarios, después de los dentistas, los deportes y los destapacaños?

Esos directorios tan odiosos en las mudanzas pero tan útiles para planchar papel arrugado o subir los muebles de nivel, se fueron achicando hasta desaparecer por completo, tragados por el mundo infinito de Internet y sus réplicas, junto con nuestras ganas de figurar en sociedad con nuestro teléfono y dirección, un escaparate para el Mal que desde hace tanto y tanto nos acecha y no se va. // Ana García Bergua

LA MÚSICA

Para Dimitri Shostakovich

En ella arde algo maravilloso,

Y en sus ojos se tallan los lugares.

Solo la música me habla

Cuando otros temen acercarse.

Cuando el último amigo se apartó

Ella estuvo conmigo en mi tumba

Y cantó como la primera tormenta

O como si todas las flores conversaran.

// Anna Ajmátova

(El poema “La música» fue escrito cuando la poeta rondaba los 69 años, afectada todavía por la muerte reciente de su amigo, el escritor Mijaíl Zóschenko. En ese período la poeta se acompañaba con la música de Mozart, Beethoven, Schubert, Stravinski y Shostakovich.

El primer encuentro personal con Shostakovich se produjo probablemente en la década de 1930, cuando él era ya un brillante y joven compositor. Su “Séptima Sinfonía” se menciona en “Poema sin héroe”. A Ajmátova también le gustaba mucho la “Undécima Sinfonía”. Los dos se encontraron en muchas ocasiones, y en 1958 Ajmátova le regaló al compositor una edición reciente de algunos de sus poemas, entre los que se encontraba el poema a él dedicado. Para ella el efecto de la música era una magia que no se podía predecir. Después de la muerte de la poeta, Shostakovich compuso la obra vocal “Anna Ajmátova”.)

En Spencer (RU-EU-Chile-Alemania, 2021), heterodoxo opus 9 del chileno santiaguino internacional de 45 años Pablo Larraín (Tony Manero 08, Post mortem 10, Ema 19), con guion del también realizador inglés Steven Knight (Locke 13), la rubia explebeya Diana princesa de Gales (Kristen Stewart hipersensitiva) se dirige erráticamente, en aciago proceso de ruptura con su marido el infiel príncipe Carlos (Jack Farthing) y conduciendo su auto hacia la mansión con suntuosos jardines de la reina en Sandringham a fines de 1991, para vivir en forma devastadora los tres días más decisivos de su existencia: Nochebuena, Navidad y la fiesta de San Esteban o Boxing Day, durante los cuales se refugia tan simbólica cuan efectivamente en su ya tapiada casa natal en Park House para arrancarle a un espantapájaros una chaqueta paterna de pronto fetichizada o rompiendo de noche los alambres que protegen la morada, llega escandalosamente tarde a las ceremonias y banquetes presididos por Su Alteza siempre acompañada por una docena de perros corgis, deserta en plena iglesia engalanada al descubrir entre la concurrencia a su odiada rival Camila, viola uno a uno los rígidos protocolos fríamente marcados que determinan desde el valor de su peso en oro hasta los atuendos que debe portar en cada actividad doméstica vuelta ritual tieso, se enfrenta al jefe de logística con chorreante cara de perro difunto Gregory (Timothy Spall) que intenta infundirle en vano un posmilitarista imperial fervor patrio (“Yo jamás he pedido el sacrificio de nadie”), se hace consentir por el chef de cocina Darren (Sean Harris) al frente de un archidisciplinado ejército de ayudantes, alucina a la luz del día y tiene pesadillas con la decapitada inmortal Ana Bolena (Amy Manson) cuya biografía aparece aviesamente en su aposento para enterarla que fue acusada de traición siendo la traicionada cual Diana misma, sueña con arrancarse del cuello un obsequiado collar para devorar sus perlas en un plato de sopa, se refugia en mezquino cuan grandilocuente Juego de Tronos paranoico (“¿Van a matarme?”) cuya monarca Isabel II (Stela Gonet) la conmina a que espere a ser billete de diez libras, se enfrenta durante una secuencia de billar hipotético en alejados planos a 180 agrados al odiado marido que la engaña cínicamente y la conmina a dividir su ego entre el verdadero y el expuesto a los ávidos paparazzi mientras ella deja caer al suelo la bola negra que la representa, sufre el doloroso despojo y la devolución extrema de su ayuda de cámara Maggie (la escuálida Sally Hawkins de La forma del agua) que acabará confesándole su amor más allá de la lealtad como culminación asertiva de una eufórica escapada a la playa, e impide que sus hijos púberes participen en una violenta virilista cacería de faisanes, cuyo resultado conjunto será una femidentidad reconquistada. // Jorge Ayala Blanco

Si en una novela policíaca uno no atrapa al lector, ¿de qué sirve el asesino? Yo siempre que escribo estoy colocado frente a un lector muy exigente. No creo en los lectores mediocres ni en los lectores superficiales, me coloco frente al mejor de los lectores, al que va a ser capaz de hacer juicios críticos muy profundos, al que es capaz de aburrirse más, al que hay que mantenerle despierta la atención, al que va a descubrir quién es el asesino, pero tiene que leer sin irse del libro. // Sergio Ramírez