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Por Félix Cortés Camarillo

Me niego rotundamente a aceptar que el profundo conflicto entre Julio Scherer, Alejandro Gertz, Olga Sánchez Cordero y Santiago Nieto, cada uno con su equipo de incondicionales, sea un asunto de barandilla, esto es, cuestión de ministerio público. Mucho menos a admitir que se trate de un pleito de cantina o disputa de familia que deben arreglar entre ellos. Todo esto lo dijo y dejó entrever el presidente López ayer en su sermón matutino al evadir las preguntas sobre el espinoso asunto que hizo detonar desde las páginas de la revista Proceso, que fundara y animara su padre del mismo nombre, Julio Scherer, hasta hace poco consejero jurídico de la presidencia de la República.

            Hacer pública una pugna así, de espionajes, traiciones, zancadillas, malas caras, chismes, manipulaciones y delaciones entre personajes de primera fila en el poder omnímodo del presidente del país es, en cualquier latitud, una crisis de gabinete. Crisis de gabinete que en cualquier país del mundo -inclusive las dictaduras más cerradas, sobre cuyas luchas intestinas nos enteramos años después- se resuelven con un manotazo del poderoso sobre la mesa. Un manotazo que haga saltar todas las fichas negras del dominó y deje oír una exigencia de la primera voz, pidiendo baraja nueva para este juego. Baraja nueva que suele incluir alguno de los naipes de la anterior, si no es que la mayoría. En todo caso, un vómito catártico que envía un mensaje profundo y claro hacia dentro de la estructura del poder, mas de manera especial hacia afuera, un mensaje que suena a canción de Cri-Cri: ¿quién es el que manda aquí?

            Me queda claro que el incómodo asunto le echó sombra a una fiesta de primer orden del presidente López y su obra faraónica primordial; una fiesta justificada y que se merecen los soldados de nuestro país. Dejando a un lado que el Aeropuerto Felipe Ángeles sea o no un absurdo capricho personal, ineficiente e insuficiente, regresivo y caro, dígase lo que se diga porque es asunto de seguridad nacional, según decreto, dejando de lado todo eso, nadie puede negar que los hombres de verde olivo cumplieron. Como suelen hacerlo. Al presidente López sólo hay que agradecer que los niños y jóvenes de nuestro país acudan a Wikipedia a enterarse algo de la vida y capacidades excepcionales del artillero favorito de Pancho Villa. Un Felipe Ángeles que es más que un experto en balística.

            Con el entripado a cuestas, el presidente de México feliz con su aeropuerto que según sus consideraciones “está al cien”, tiene la obligación de darse cuenta de que su gobierno no lo está. Y que, aún y si las vías de conexión para llegar a la terminal aérea se resolvieren pronto, la obra faraónica no alcanza para ocultar la crisis política que sus más cercanos -y poderosos- colaboradores le están armando en un ejercicio perverso de niños Montessori que hacen exactamente lo que se les pega la gana, jugando las fichas negras del dominó.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): con todo respeto, señor presidente, no acudí ayer al nuevo aeropuerto porque no me invitaron; ya lo conoceré. Me dicen, sin embargo, que no había ayer agua en los baños. Yo, como usted, creo que es una falacia inventada por los reaccionarios neoliberales. ¡Imagínese  uno de los mejores aeropuertos del mundo sin agua en los sanitarios…! Aunque, claro, la vida es así, y el presidente está ocupado en otros asuntos.

‎felixcortescama@gmail.com

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// Félix Cortés Camarillo

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Autor: lostubos
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