Por Félix Cortés Camarillo

El próximo 16 de septiembre, en el Zócalo de la Ciudad de México, el presidente López hará, según su anuncio, un pronunciamiento fundamental y definitivo ante los reclamos de Canadá y los Estados Unidos en torno a la política energética de nuestro país, que según ellos violenta lo que establece el tratado TLMEC, sustituto actualizado del Tratado de Libre Comercio entre los tres países que integran Norteamérica, el llamado TLCAN.

Los alegatos de Canadá y los Estados Unidos, según se sabe, son técnicos; parten de la base de que el gobierno del presidente López favorece en su política energética a los monopolios de estado encargados de la electricidad y el petróleo, PEMEX y la CFE, en perjuicio de las empresas canadienses y gringas que pretenden operar en nuestro país al amparo de lo que dice el mencionado tratado.

La postura del presidente López, que hará pública el 16 de septiembre aparejada con la presencia de las fuerzas armadas del desfile y ornamentada con la banda presidencial en el pecho, aunque hoy ya sabe lo que va a decir, es una definición política. Su base es la defensa de la soberanía nacional, que él ve amenazada por los trámites de sus socios; se ha referido a ello citando el artículo octavo del tratado comercial, que simplemente establece que nuestro país es dueño soberano de los recursos energéticos, e petróleo, vaya, de su territorio. Todo ello ha convocado a un temor generalizado de que en la mera fiesta Patria el presidente López anuncie la salida de México de este acuerdo.

Me quedo con la convicción de que esto es asustar con el petate del muerto.

Abandonar el tratado comercial resultaría lesivo para todos, considerando la dependencia comercial que existe entre los tres. Andrés Manuel no quiere asustar a Biden sino a todos los dudosos seguidores suyos que están dispuestos a envolverse en la bandera tricolor y tirarse desde cualquier balcón al precipicio. Los dictadores necesitan de cuando en vez un enemigo externo para cohesionar sus filas que pueden desbandarse en cualquier momento. Especialmente cuando el movimiento morenista no tiene más amalgama que el discurso patriotero, demagógico y populista del presidente López. Y ya se ha dicho que el villano favorito de la película que viven los mexicanos es el gobierno de los Estados Unidos. 

Lo más probable es que seamos testigos de un estira-afloja entre los tres gobiernos, sabiendo que las armas serán los aranceles que a nadie convienen o la baraja oculta de Andrés Manuel, que es abrirle el paso a todos los migrantes rumbo al Norte, cosa que tampoco quiere ninguno de los tres.

Ahora bien, el presidente López es inteligente. Pero también es impredecible.

PILÓN PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): la carta-compromiso que recibieron los empresarios que cenaron tamales de chipilín, sea lo que sea eso, la otra noche en Palacio Nacional. Clara y llanamente tenían que firmar aceptando el compromiso de comprar billetes de la Lotería Nacional para el sorteo extraordinario del 15 de septiembre en el que se rifarán lotes playeros en Sinaloa de la misma manera en que se rifó el infame avión presidencial. Compromiso mínimo: veinte millones de pesos. Veinticinco, cincuenta o lo que sea su voluntad de ahí en adelante.

Se necesita caradura para poner por escrito este burdo chantaje que implícitamente promete recompensa en obra pública para quien acepte y persecución fiscal para quien rehúse. Qué poca vergüenza.

‎felixcortescama@gmail.com