Por Félix Cortés Camarillo

Vale la pena, en nuestra circunstancia actual, recordar los siete mandamientos que impusieron los cerdos, líderes de la insurrección triunfante que expulsó a Howard Jones, dueño de la Granja Manor en la novela de George Orwell de 1945. Como suele decir el presidente López, ahí va para los jóvenes. 

La granja de animales, que así fue renombrada por los cerdos al mando, estableció sus siete leyes, a saber: Todo lo que camina en dos pies es enemigo; todo el que camina en cuatro patas, nada o vuela, es amigo. Los animales no usan ropa, duermen en cama, beben alcohol ni matan a otro animal. 

Mandato séptimo: todos los animales son iguales.

George Orwell, el profeta de nuestros tiempos que desde luego no se llamaba así sino Eric Arthur Blair, y era un laborista radical en Londres del siglo pasado, escribió su Animal Farm como una certera sátira de la corrupción que del comunismo, en el que Orwell marginalmente creía, había hecho Stalin en la Unión Soviética. En la parábola el gran viejo es Lenin, el cerdo Napoleón es Stalin y el huidizo cerdo Bola de Nieve es Trotsky. Todo es tan transparente que se puede trasladar a otros tiempos y otras latitudes.

La granja de animales fue cambiando su heptálogo. Pronto, los animales podían dormir en cama, pero sin sábanas; también podían beber alcohol sin exceso y no podían matar a otro animal sin motivo.

Hay una rebelión en la granja del poder mexicano. 

El mismísimo presidente López ha tenido que admitir públicamente que el instituto político que inventó, el Movimiento de Renovación Nacional sigue reproduciendo, después de tres años en el poder omnímodo, los vicios que afirma todas las mañanas han sido erradicados de la conducta política de los mexicanos. La convocatoria de Morena para seleccionar a sus mejores cuadros como delegados -cinco hombres, cinco mujeres, por distrito- para erigirse en la máxima (je,je,je) autoridad dentro del movimiento en su próxima convención nacional.

De pronto, el mismísimo doctor John Ackerman, vinculado al presidente Andrés Manuel por lazos familiares y de afinidad política tiene que emitir su diagnóstico sobre la podredumbre puesta en práctica por Mario Delgado, para manipular las selecciones de los mejores cuadros para seguir ejerciendo el poder. No es el único: dentro de Morena hay opiniones sobre cual es la mejor manera de reproducir al viejo PRI sin morir en el intento.

Sí, robé, pero poquito, dijo un alcalde célebre por su sinceridad. 

El presidente López confesó ayer que sus seguidores siguen siendo marranos, pero no tanto. En un porcentaje mínimo de distritos se registraron irregularidades: todo se arreglará convocando a nuevos sufragios. Eso sí, limpios.

En la parte final de la novela de George Orwell, el asno Benjamin, que a diferencia de los cerdos en el poder sabe leer, contesta a los otros animales que le preguntan en dónde quedaron los siete mandamientos iniciales. Sólo sigue siendo válido el séptimo, dice. Todos los animales son iguales, pero hay unos más iguales que otros.

¡Viva la democracia!

PILÓN PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Que no se nos olvide. El secretario de Gobernación no vino solamente a dale un apretón de tuercas al ineficiente gobernador de Nuevo León, Samuelito, para que entienda que el padroteo político de la sed de Nuevo León es exclusividad del poder federal y los dineros de que dispone (solamente lana para media presa Libertad) y de su facultad de hacernos a todos causa de seguridad nacional. Vino a recoger, de alguna manera, la oferta al presidente López de poder arreglarle el entuerto del Norte.

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