Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

Un golpe de Estado de terciopelo al Gobierno del Estado de Nuevo León se gestó hace semanas. Por obra y gracia del presidente Andrés Manuel López Obrador, y viendo la mediocre gobernanza de Samuel Alejandro García Sepúlveda, el presidente instruyó al secretario de Gobernación, Adán Augusto López, a ejercer el poder en el estado, teniendo como alfil al experimentado Héctor Gutiérrez de la Garza.

El estilo personal de gobernar del vicegobernador Samuel Alejandro no es corruptible, es corrupto. Ignorante de la política, lo suyo es hacer negocios con el erario. Su divisa no es gobernar, es enriquecerse él y sus compinches con el dinero de los nuevoleoneses. Es tan burdo que, más que inocente es, como lo califican los nuevoleoneses, pendejo.

La ruta de su corrupción es tan evidente que hasta su padrino mediático, Alejandro Junco de la Vega (El Norte/Reforma), tiene que denunciarlo. Empezó con su persecución a las empresas que impugnaron sus licitaciones a modo. Luego le entregó la carretera La Gloria-Colombia a un cuate de farra. Utilizó la Unidad de Inteligencia Financiera y Económica y el SAT estatal para perseguir a sus “adversarios” políticos y mediáticos (Ramón Alberto Garza, Zeferino Salgado, Carlos de la Fuente). Samuel Alejandro llegó para robar, no para gobernar. Y le da garra ancha a su círculo cercano, como a Glen Villarreal Zambrano, director de Comunicación Social.

El Glengate es el corolario de la eufórica corrupción de estos muchachos que llegaron al Gobierno del Estado. Improvisados, imprecisos, les estalló la gobernabilidad en sus narices mientras, a la manera de Versalles, utilizaban un Palacio de Gobierno de todos para sus fiestas particulares, para sus festejos masturbatorios, para que MarianAntoinette fantaseara en un Versailles.

El padrino de Samuel y Mariana, Alejandro Junco de la Vega, publica: “Y, pese a ser parte de AltavozMx, Villarreal (Glen) asignó a esta empresa el 24 de marzo pasado un contrato de 10 meses, por un millón 044 mil pesos mensuales, incluyendo el IVA”.

En nueve meses, con el Glengate y sus prácticas corruptas, Samuel Alejandro demuestra ser más malicioso que Rodrigo Medina y Jaime Rodríguez, el Bronco. Precocidad total: desde niño fue corrupto. Es la naturaleza impune del todavía vicegobernador.