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Por Félix Cortés Camarillo

Cada vez que se produce un magnicidio, especialmente en grado de tentativa, desencadena una sucesión larga de especulaciones en torno a las motivaciones y los instigadores de este condenable hecho. Desde Sarajevo y la muerte de Ferdinand D´Este provocando la Primera Guerra Mundial hasta el supuesto brasileño que le acercó a distancia casi íntima una pistola escuadra a la cara de la señora Fernández viuda de Kirchner en Buenos Aires, pasando por el episodio confuso de Lomas Taurinas, nadie ha quedado satisfecho nunca con las explicaciones.

Uno de los móviles más fáciles de comprar es el que mueve persistentemente al terrorismo: mediante una sacudida violenta, demostrar la inestabilidad y la carencia de mando de un régimen o de la institución de gobierno en turno. Trastornar la realidad de manera radical. Tan es eso válido que el atentado de septiembre de 2001 en Nueva York transformó usos y procedimientos en todo el mundo en materia de seguridad de todo tipo. El mundo ya no volvió a ser el mismo después del desplome de las Torres Gemelas aunque no tengamos certeza de quién realmente lo diseñó e implementó. 

Lo que sí es indudable es que este tipo de acciones tienen como daño colateral el fenómeno imitatorio. A un orate armado asaltando a una congregación pequeña o grande en algún lugar de los Estados Unidos –o en su caso, Europa– suele seguir uno o dos que repican la agresión.

El atentado a Cristina Fernández Viuda de Kirchner, vicepresidente de Argentina y ex presidente de su país, se suma a los casos dudosos con una pistola encasquillada justo a punto de cumplir el asesinato. Una de las dudas primarias es si todo el quilombo no fue ideado y puesto en escena por las mismas fuerzas del peronismo renovado que están detrás de esta reencarnación de Evita, buscando simpatías populares, que han logrado.

Quilombo, abriendo paréntesis, proviene de una lengua de Angola en África y originalmente quería decir prostíbulo; hoy es una de las palabras más usadas de los argentinos, casi al nivel de nuestra chingada o chingadera, que sirve para definir cualquier cosa que sea, dice la Real Academia, “lío, barullo, gresca o desorden”, además de un chingo de otras cosas.

El asunto es ¿por qué debe preocuparnos a los mexicanos el quilombo de Cristina?

Por la tendencia a la imitación: no pocos opositores del presidente López sueltan de pronto el deseo de que alguien mate al presidente, como única salida a la crisis que ellos no pueden resolver. Y eso es una estupidez magna y asquerosa.

También lo sería si otros imitadores pretendieran poner en escena un supuesto atentado en contra del presidente López para darle respiración de boca a boca a una popularidad que sigue fuerte pero no crece.

Lo mejor, Che, es dejarnos de Quilombos.

PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): En su precampaña por la presidencia de la República, la corcholata favorita, doña Claudia Scheinbaum se puso el domingo a celebrar el aniversario del metro de la Ciudad de México. Nadie le sugirió que fuera a armar un borlote festivo en la línea doce, que se derrumbó por falta de su mantenimiento y cuyos deudos de sus muertos no han sido ni indemnizados propiamente ni los culpables han sido llevados a juicio.

‎felixcortescama@gmail.com

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// Félix Cortés Camarillo

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Autor: stafflostubos
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