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Por José Francisco Villarreal

No recuerdo si fue Enrique Jardiel o Álvaro De Laiglesia el que escribió en alguno de sus libros que Dios, durante la Creación, el sexto día creó a un animal bípedo un tanto feíto. Una vez animado ese ser, lo vio detenidamente y no le gustó mucho. De esa manera decidió dar por terminadas las jornadas creadoras y se fue a descansar, porque “Ya no se me ocurre nada”. Suponemos que utilizó el domingo para descansar, pero es absurdo pensar que Dios se cansa. Tal vez sólo se fue a otro universo a seguir creando algo que justificara nuestra manía por ovnis, marcianitos verdes y reptilianos creo que también verdes, y por los inagotables comics de Marvel. La cita es humorística, pero bastante razonable; si la creemos y admitimos, los humanos, hijos de esa ocurrencia, sí que resultamos muy ocurrentes, lo traemos en el DNA de nuestra arcilla primigenia. Unos más que otros, ahora más que antes, pero recurrimos a la ocurrencia un poco remedando al Creador que como un poeta frenético creaba con sólo nombrar. Como de plano eso de ser divinos no se nos da, verbalizamos nuestras ocurrencias creando una escenografía etérea en donde nos sentimos cómodos aunque desde afuera del escenario nos vemos ridículos. 

Los que siguen diciendo y escribiendo maravillas de la (pre) campaña de doña X son un caso extremo de ocurrencias a niveles pandémicos… y ridículos. La propia señora ha dicho y desdicho tanto y tantas veces, que hasta la reciente encuesta de Masive Caller refuerza el absurdo escenario de una inmensa carpa de teatro de revista. Los furiosos dramones que emiten con la apremiante regularidad de una diarrea, son mefíticos pero también ridículos. Permanecen un poco, si acaso por la escasa o nula difusión de los desmentidos, y por la pereza periodística a la hora de analizarlos críticamente. Y aun permaneciendo en el imaginario colectivo, la gente no los cree, hasta cuando están bien sustentados. Ya les han descubierto muchas mentiras y contradicciones.

En este escenario de ocurrencias, cada vez queda más claro que la idea de unir a tres partidos en un frente cardiaco fue también una ocurrencia de un líder empresarial (o un grupo de ellos), completamente ajeno al manejo de personal puertas afuera del reloj checador. Una y otra vez don X ha demostrado ser un pésimo líder de la oposición, es decir de SU oposición. Si bien puede tener un poco de obediencia en el PAN, parece no haber considerado que cada líder partidista, incluso el del pálido sol azteca, tienen sus propias ocurrencias, y muy rara vez son ocurrencias afortunadas. Me da hasta pena decirlo, pero Felipe Calderón tiene razón al decir que los “aliados” están peleando por migajas. Supongo que lo dice porque los conoce, y sabe que no le dejarían ni migajas. En pocas palabras, el frente cardiaco carece absolutamente de liderazgo. Si en un principio parecieron dóciles ante la clase empresarial, a estas alturas retrocedieron a un compañerismo muy parecido a la diplomacia decimonónica, de intriga, zape y zancadilla.

Aunque desde el fin de semana se arrastraban temas interesantes en la política nacional electorera, hasta el despropósito de don Andrés sobre una “diputrans” (así se autonombra ella) pudo levantar ámpulas en muchas pieles morenas, de nuevo tuvo que ser Marko Cortés quien saliera con su batea de babas. Su sentida y muy seria queja contra Manolo Jiménez, el gobernador de Coahuila, por no haber cumplido con “acuerdos” ha sido una de las peores ocurrencias del panista ¡y vaya que ha tenido muchas, pero menos peores! En realidad, Marko no ha dicho algo que no sepamos que sucede desde hace muchos años. El reparto de posiciones estratégicas es una constante en la dinámica de los partidos políticos en México. Los mejores repartos, por supuesto, se han dado entre los partidos que han tenido más peso: PAN y PRI. Si todos lo sabemos, y si es una costumbre, seguramente Marko se imaginó que era de lo más normal. Y lo era, cuando los ciudadanos no tenían voz ni habían calibrado la fuerza de su voto. Ese reparto de posiciones de poder que expuso Marko es la usurpación de un derecho reservado para los ciudadanos. Más peor aún, la “concesión” de notarías es a todas luces el secuestro de una actividad que por definición debe ser independiente de cualquier instancia de poder y lejos de cualquier tendencia política.

Para acabar de regar el tepache, el “acuerdo” confirma la injerencia de los partidos en el Poder Judicial, cuando incluye una “Ratificación Bernardo con Magistrado”. ¿Cuál Bernardo? ¿Acaso el ex líder estatal del PAN en Coahuila? Con esa cara y esas mañas se atreven a defender la “autonomía” de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y de todo el oneroso, deficiente y mañoso Poder Judicial Federal. Este acuerdo, así haya sido incumplido por el PRI y sea invocado por el PAN, sólo demuestra que ninguno de ambos partidos tienen la calidad moral ni el derecho político para ostentarse como representantes de la soberanía popular.

No sé qué intentaba hacer el lamentable y lamentoso líder nacional panista con esta exhibición pública de sus transas. No puede esperar que los ciudadanos se solidaricen con su exigencia para que se cumpla un acuerdo que, indudablemente, se ha hecho a espaldas de los electores, que en una democracia es lo mismo que decir que se hizo en contra de ellos. Además, el panista peca de ingenuo al suponer que una alianza nacional de partidos le abriría las puertas a extender su presencia en un bastión priista. No justifico la decisión de Manolo Jiménez, seguramente consensuada con Alito Moreno, pero sería un tonto si cediera en todo a los panistas cuya fuerza parece que no acaba de cuajar en Coahuila.

Marko, en su patética indignación de ladrón robado (“Machetazo a caballo de espadas”), ha descubierto el truco. Nuevo León no ha sido ajeno a estas triquiñuelas. Un botón de muestra está en la presidencia de nuestro Tribunal Superior de Justicia, con un panista que incluso fue una pieza importante en una operación política contra el gobernador de Nuevo León, es decir, operando para una alianza local de partidos. Todavía recuerdo la enjundia con la que coreaban a Arturo Salinas como “¡Gobernador!” Si no bastara, luego intentan imponer también a un funcionario de la fiscalía estatal. Con todas estas evidencias todavía insisten en negar la necesidad de reformar al Poder Judicial. No es necedad, es conveniencia. No se extrañen que el gobernador vuelva a endilgarles un veto en el nombramiento del fiscal estatal, ni que haya abogados que quieran a Arturo Salinas fuera del Tribunal. 

Tengo mucho qué lavar, pero estoy tentado a dejar para luego la colada y dedicar estos días a leer y escuchar a los panegiristas del frente cardiaco. No me imagino con qué hilos van a intentar remendar la ocurrencia de Marko. Será divertido ver cómo justifican lo injustificable. Si bien son expertos, hasta en eso hay límites que cuando se rebasan rayan en cinismo… Aunque no creo que el cinismo les intimide. De cualquier forma, será muy divertido. Y a esperar que los “publicistas” del frente cardiaco se saquen de la manga otra joya del estercolero para desviar la atención. Más bien, adelantar alguna de las inmundicias políticas que ya tienen preparadas.

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// José Francisco Villarreal

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Autor: stafflostubos
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