Una de las promesas de campaña de Andrés Manuel López Obrador fue desaparecer el Estado Mayor Presidencial y también quitar prebendas y apoyos a expresidentes, incluyendo pensiones y guardias. Al entrar en funciones, el primer mandatario llevó a efecto dichos compromisos.

Sin embargo, este 6 de abril el expresidente Vicente Fox acusó en su cuenta de Twitter que un comando armado intentó entrar en su casa y responsabilizó al presidente de la seguridad de su persona y su familia.

“Es una situación grave y que requiere inmediata atenció (sic). Hago directamente responsable de la seguridad de mi persona, de mi familia y de mis bienes al presidente”.

VICENTE FOX

Ante a acusación, López Obrador ordenó que “sin los excesos del pasado”, un grupo de militares sí fuera destinado para proteger a Fox y a su familia.

Con base en lo anterior, AMLOVEmetrics realizó 800 encuestas telefónicas, con selección aleatoria de entrevistados y un margen de error estadístico del +/- 3,4%, a través de Opinión Pública, Marketing e Imagen y Social Research Solutions, con la siguiente pregunta:

¿Cree usted que Andrés Manuel López Obrador debe volver a asignar guardias militares a todos los expresidentes para protegerlos?

Dicen NO

El 79.1% de los encuestados dijeron que no se les asignaran, contra un 20.9% que pide sí sean cuidados. En gran medida se podían prever dichos resultados; las razones para ello son muchas.

Más allá de la respuesta de López Obrador respecto a qué en esta ocasión la protección brindada sería sin los excesos del pasado, que la petición viniera de Fox genera muchas dudas. Su comportamiento errático, su postura vociferante en muchos aspectos, incluido su apoyo a la legalización de la mariguana, y su misma petición –plagada de errores ortográficos- lograron que algo que puede ser necesario y justo (nada con exceso, todo con medida) se viera como un capricho más de Fox y como una vuelta al pasado.

Impopularidad vs. seguridad

El problema de que la petición proviniera de Fox -y más cuando luego se conoció que no se había tratado de un comando armado, sino de unos escoltas perdidos-, hace que un tema serio en la seguridad de los expresidentes se convierta en chacota y, teniendo al expanista como abanderado, se pierda la discusión sobre la necesidad o no de velar por la seguridad de los expresidentes.

Lo anterior sin desestimar que, en general, la población mexicana se mantiene firme en rechazar los abusos y derroches del pasado, en una postura contraria a todo lo que provenga o signifiquen las administraciones pasadas. Ello llega a incluir un rechazo a las definiciones que tome López Obrador respecto a mantener dicha protección y extenderla al resto de exmandatarios. El presidente tendrá que sopesar los costos de la impopularidad de hacerlo versus los posibles peligros de que algo les suceda a los expresidentes y sus familias en su integridad física.

Fotografía propiedad de: SDPnoticias

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