Por Francisco Tijerina.

“Solamente haciendo el bien se puede realmente ser feliz”

Aristóteles.

Sin falsas modestias.

En el trayecto de estos casi 60 años que tengo de haber llegado al mundo, he tenido el enorme privilegio de coincidir en algún momento de mi vida con destacados personajes, hombres y mujeres de bien de los que he podido aprender lecciones y tomar ejemplo.

Sería injusto tratar de hacer una relación de todos ellos porque, estoy seguro, muchos se quedarían en el tintero. A todos les he admirado y he tenido la dicha de abrevar de su ejemplo para así formar un carácter y una visión de cómo vivir la vida.

Siendo un jovencito tuve la oportunidad de conocer a un comerciante “de los antes”. Un hombre preocupado por su comunidad, que se partía el lomo de sol a sol y que daba empleos, que arriesgaba su capital y que llegó a ser reconocido en la comunidad por su emprendedurismo. Me refiero a don Juan Ángel González.

Cuando llegamos a vivir a la colonia Contry, su casa estaba a espaldas de la nuestra y fue el Club Águilas de futbol americano infantil el punto de encuentro. Ahí conocí a don Juan Ángel, el dueño de Hogar Vimosa o Víveres de Monterrey, que estaba por la calle Chapultepec en la colonia Buenos Aires, famoso comerciante que entre otras muchas cosas inventó las máquinas “yuqueras” que él mismo fabricaba y vendía con un motor para triturar hielo instalado en una caja de cristal soportada por un armazón para vender raspados de sabores y que eran una sensación porque se anunciaban en la TV.

Sin más que una enorme intuición y visión para los negocios, don Juan Ángel era de ese tipo de emprendedores que sabía de la necesidad de publicitar su negocio y sin estudios de mercadotecnia o publicidad, entendía que era necesario invertir en un jingle (todavía puedo cantar el de Hogar Vimosa) o estar en la televisión.

Lo recuerdo siempre sonriente, atento, colaborador, amoroso esposo y ejemplar padre. Don Juan Ángel fue, como otros muchos, un ejemplo cuando mi padre falleció en esos mismos años en que lo conocí.

Ayer dejó este mundo y enterarme de su partida me hizo recodar muchísimos instantes y momentos; por eso estas líneas de reconocimiento y gratitud.

Para Juan Ángel su hijo y toda su familia un abrazo fraterno en estos momentos difíciles.

Ojalá, lo digo de verdad, hubiese hoy muchísimas más personas como él y como tantos otros que he tenido el altísimo honor de conocer, porque en estos tiempos hacen falta más ejemplos y más prohombres de su talla.

ftijerin@rtvnews.com

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