Por Eduardo Campos Sémeno

Diario del Coronavirus 012. 27 de marzo de 2020

565,900 infectados confirmados

 26,443 muertes reportadas

5:30 PM

Entonces, ¿cómo entender lo que está pasando en el mundo? Ayer sacaba yo los porcentajes de la población infectada en diferentes países y son minúsculos: 0.0058 por ciento en China; 0.0261 por ciento en Estados Unidos; 0.0003 por ciento en México. No soy bueno para las matemáticas, pero entiendo que cuanto más ceros a la derecha después del punto y antes del primer dígito, más alejado el número de llegar ni al medio por ciento o a la cuarta parte o la décima parte de un punto porcentual.

Si a eso le sumamos que el 90 por ciento de los finalmente infectados van a sobrevivir o ni van a presentar síntomas y que al virus se le contiene con lavarse mucho las manos, ¿entonces por qué la crisis, la preocupación y el llanto en muchas partes del mundo?

Pues porque la velocidad con la que se propagó el virus y el número de contagiados que sí cayeron enfermos provocaron un pico de demanda hospitalaria que evidenció los sistemas precarios de salud que se tienen en todo el mundo.

Muy en específico, los infectados en España, Italia, China y tal vez pronto en Estados Unidos, se están muriendo porque los hospitales no tienen suficientes aparatos llamados respiradores, o como le dicen en inglés “ventilators”.

El coronavirus afecta el sistema respiratorio y, por ello, los pacientes más críticos que requieren cuidados intensivos ocupan estos aparatos que a través de tubos y una computadora hacen llegar aire al paciente, les ayuda a respirar o les induce la respiración.

“Esta es una enfermedad en la que la gente se muere por problemas respiratorios. No están muriendo porque les falla el corazón. No están muriendo de shock. Están muriendo porque simplemente no pueden hacer llegar oxígeno a su flujo sanguíneo y eso hace que otros órganos fallen también”, dijo recientemente el doctor Albert Rizzo, jefe médico de la American Lung Association, en una nota de la periodista Elizabeth Chuck para NBC News.

Estos respiradores, que cuestan entre 25 mil y 50 mil dólares, faltan igual en Madrid que en Nueva York.

En Whatsapp llega un video con un madrileño llorando que ante la cámara denuncia que están dejando morir a los viejos, porque reservan los aparatos para los menores de 65 años. En YouTube veo un reportaje de The New York Times en el que siguen y entrevistan a la doctora Colleen Smith, de la Sala de Emergencias del Hospital Elmhurst de Nueva York. Ella habla y da acceso a cámaras a las salas –aunque enfrenta represalias de sus superiores– para denunciar la falta de equipos, a pesar de las declaraciones triunfalistas sobre el tema de parte de la Casa Blanca.

Lo peor para el futuro de esta crisis, es que el asunto de los “ventilators” no se resuelve con dinero. Aunque un país poderoso quisiera usar sus arcas para hacer “compras de pánico”, los respiradores no son rollos de papel de baño.

Algunas de las fábricas más reconocidas tienen sus sistemas diseñados para producir 100 unidades al mes, que eran suficientes para el mercado que había. Ahora, los encargados de esas plantas señalan que tal vez ni subiendo a mil aparatos mensuales su producción, darían abasto.

Si eso es en el primer mundo de Madrid y Nueva York, ¿qué nos esperará en nuestro México lindo y querido? Aquí sí las estampitas y los escapularios van a servir no para librarte del coronavirus, sino para esperar que no te toque la bola negra en la “rifa” de la enfermedad, porque en la ruta de la suerte (buena o mala) está: que te dé el virus, que presentes síntomas, que se agraven esos síntomas y que caigas en un lugar con capacidad y aparatos para atenderte.

El sistema precario de salud está en tu contra. Pero, si te sirve de consuelo, tampoco les va bien a los ciudadanos de Italia, España, China y muchos otros países del mundo.

Como siempre, comentarios dirigirlos a ecampos50@gmail.com o en Facebook en la página Diario del Coronavirus o con el user @eduardocampossemeno.

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