Por José Jaime Ruiz 

@ruizjosejaime

“Tengo orgullo de ser del norte,

del mero San Luisito

porque de ahí es Monterrey.”

El corrido de Monterrey. 

La película Ya no estoy aquí es la narrativa singular de un desarraigo plural. La historia de Ulises adquiere corporalidad a través de la danza y del escupitajo: salir de sí mismo para volver a sí mismo. Escalar los laberintos de Monterrey o de Nueva York desde el desarraigo porque el outsider se inventa ajeno a todo, contra lo habitual se impone la rareza: asumir como identidad la música colombiana, ahora como cumbia rebajada; el corte de pelo donde la patilla y la pintura se imponen; la ropa holgada contra lo ceñido de Dockers o mezclilla; el lenguaje insistente de la palabra “verga” que ni es “carajo” ni es “chingada”, es no-lugar, es nihilismo.

Ulises y Los Terkos viven desde la resistencia, desde la marginalidad, lo único que los transfigura es el baile. La cultura que se pretende hegemónica es condenada, ya sea el sombrero norteño, la música norteña, los narco-corridos, la banda, el fervor por la cerveza, las elecciones políticas o cualquier autoridad, policiaca o escolar.

La guerra contra el narco del expresidente Felipe Calderón los alcanza,  cambian los decorados, ahora los grafitis se pintan con sangre. Víctima aleatoria de una batalla nunca suya, Ulises tiene que huir ya no hacia adentro sino a otro exterior, otro lugar eterno. Su viaje no es el de Odiseo sino el de Eneas a una Nueva York-Cartago para encontrarse con otra adolescente, una especie de Dido sinaestadounidense.

El desarraigo, de nuevo, lo recorre. Expulsado del lenguaje, el ruido se impone, sólo el viaje interior lo reconforta. Cambia un círculo dantesco por otro, aquí no hay Virgilio que lo guíe. Como de Troya, huyó buscando salvación, encontró desolación.

Reconvertido en Ulises, cumple el periplo. Como el poema de López Velarde, su retorno es maléfico, mejor no regresar al pueblo, al Infierno subvertido que no calla…

Un nuevo desarraigo le espera. El crimen desorganiza las tribus. Ninguna chaparra
Penélope desespera por Ulises.  Zutano murió; Mengano predica; Perengano es un narco joven. Ulises intuye que ya no está aquí. Nunca estuvo, fue de ningún lado a ninguna parte. Sin redención, sus viajes han terminado. Sempiterno exiliado, ya no escucha, mira, escudriña. No hay lugar eterno, Kolombia se transforma en Saudade. En todo sentido, Ulises es el corrido de Monterrey.

(La globalización de Netflix, por fin, cumple con la canción del epígrafe. La ciudad tiene un regiomontano universal, el escritor Alfonso Reyes, como universal es ahora la colonia Alfonso Reyes, mejor conocida como La Risca, esa parte del barrio San Luisito. Las buenas conciencias regias pueden dormir intranquilas. Monterrey es del mero San Luisito, no al revés.)

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