Por Félix Cortés Camarillo

No cabe duda de que las elecciones de hoy en los Estados Unidos son las más controvertidas de su historia reciente. La personalidad de su personaje central, estruendosa, radical, incontenible, la da un apretón de tuercas a la Unión Americana y a la mayor parte de su población.

No es mi fuerte hacer pronósticos sino hablar de lo que ya pasó. Pero precisamente porque ya pasó que más de sesenta millones de votantes depositaron su boleta antes de que llegara este día, anticipa que el abstencionismo tan frecuentado durante las últimas elecciones no se presentará en estas.

 El fenómeno de este día no es quién ganará las elecciones sino si los norteamericanos mandarán a Donald Trump de regreso a su casa. Las encuestas previas al día de votación indicaron persistentemente que las preferencias de los votantes inclinaban la balanza a favor del demócrata Joe Biden. La presencia de la senadora Harris como candidata a la vicepresidencia tiene también un peso específico en contra de Trump.

 Sin embargo, es necesario advertir que el sistema electoral de los Estados Unidos es diferente al nuestro; aunque nos cueste trabajo entenderlo,  no gana las elecciones el que obtenga el mayor número de votos en las urnas hoy. El ganador de las elecciones es el que triunfe en el colegio electoral, un cuerpo amorfo en el que cada estado tiene cierto número de electores.

De ahí que en teoría todos los estados de la Unión Americana son iguales, pero hay unos más iguales que otros. Por ejemplo, Texas tiene más votos electorales que Arizona pero menos que California. Kansas es muy importante pero Florida es cinco veces más por el número de votos electorales. Estos votos se establecen obedeciendo a factores diversos, comenzando por el número de habitantes pero también tomando en cuenta la inclinación política de ese número de votantes.

 Eso hace que los candidatos no anden buscando el voto “popular”, sino el de los estados decisivos. Que no se nos olvide que hace cuatro años la favorita de las encuestas era Hillary Clinton; y no solamente eso. Ella ganó la mayoría del voto popular pero perdió la presidencia al contar los votos electorales de los estados clave.

La moneda está en el aire. Los que creemos y queremos que gane Biden le damos mucha importancia al voto de los estados con población de minorías. Esto es negros y latinos. Nos hacemos esperanzas de los votos de las mujeres, que  también deben tener su peso específico aunque no sepamos cual.

 Los Estados Unidos tienen hoy la moneda en el aire.

 Un volado. Águila o Sol.

 PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿Y si gana Biden? ¿Usted cree que le perdone las porras que le ha estado echando al pelipintado? Por experiencia personal usted sabe muy bien que los políticos son memoriosos y almacenan rencores.

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