Por Carlos Chavarría

Poca atención le prestamos en México a los cerebros grises que están detrás de las decisiones de los presidentes de los EEUU, salvo aquellos que han sido muy mediáticos como es el caso de Henry Kissinger.

El recién electo presidente Joe Biden acaba de nombrar  como su asesor en Seguridad Nacional a un joven nacido en 1976, Jack Sullivan. Egresado como abogado de Yale con altos honores, su especialidad es en relaciones internacionales  y ha estado en posiciones claves en el tema de seguridad nacional desde la administración Clinton.

Fue el diseñador de la política nacional de seguridad de Bill Clinton, que se mantuvo sin  cambios hasta ahora, incluyendo la administración de Trump [https://obamawhitehouse.archives.gov/sites/default/files/docs/2015_national_security_strategy_2.pdf].

Es una persona bastante conservadora y reforzará la línea dura como tratamiento hacia China, Cuba y Venezuela. Las implicaciones para México son claras.

Baste una reflexión que Sullivan compartió en su discurso de toma de posesión del cargo:

“The United States is going to ensure, for example, that we have the kind of free and open Internet where people can engage in commerce and speak freely and not have to worry about surveillance by foreign authoritarians, or not have to worry that the businesses that they either work for, or purchase from, are having to change their practices in fundamental ways to conform to the authoritarian tendencies of other governments. Those are things that affect Americans”.

El tratado de comercio con la region Asia-Pacifico  (TPP) que promovió Barack Obama y que Donald Trump abandonó, será reconstruido y aunque no le guste a nuestro presidente tendrá que tomarlo en consideración.

El presidente Andrés Manuel López Obrador acaba de nombrar embajador en los EEUU a Esteban Moctezuma y es un buen signo de su flexibilidad, pero las señoras que ocupan las carteras de Gobernacion y Seguridad tendrán que salir del gabinete pues no tienen el perfil para negociar la agenda de ajustes a la política mexicana de seguridad de “abrazos y no balazos” que no es sino una vacilada mediática para ocultar la ineptitud.

De nada servirá tampoco al presidente  moverse en el terreno de discursos de validez universal para salirle al paso de las presiones. Tendrá que actuar en serio y bajar los índices de violencia en nuestro país y demostrar así que tiene voluntad y capacidad real de  colaborar con nuestro vecino del norte.