Por José Jaime Ruiz

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@ruizjosejaime

La transición de poderes en Nuevo León demuestra que no habrá una entrega-recepción sino una entrega-decepción. En efecto, desde la decepción, el gobierno de Jaime Rodríguez Calderón entrega la administración estatal. El derrumbe del Bronco es real y puede simbolizarse (y los que salgan) al menos en tres rubros: la inseguridad, la corrupción (con su consecuente falta de transparencia y rendición de cuentas) y la obra pública (con sus ruinas).

La corrupción tiene como punta de iceberg al Isssteleón por el posible fraude millonario cuando se contrataron dos empresas allegadas a los sobrinos de ex secretario general de Gobierno, Manuel González Flores, se trata de sus familiares Manuel y Javier Flores Martínez. Tiene razón el gobernador electo, Samuel Alejandro García Sepúlveda, al encabronarse:

“Son unos desgraciados, porque no tienen otro adjetivo. Sobrinos del ex secretario general Manuel González amañaron una licitación que me va a dejar un litigio de 520 millones de pesos. ¿Cómo se les ocurre robar en sector salud en época Covid? Es el peor de los crímenes”.

La fiesta nunca se les acabó a los ladrones. Y todavía falta ver otras dependencias, como Salud y Educación, donde si le escarban encontrarán más corruptelas.

Otro rubro que simboliza el fracaso del Bronco y sus cercanos, es el que se refiere a la seguridad. El secretario del ramo (al avalarlo en su puesto Samuel Alejandro se convertirá en su cómplice), Aldo Fasci Zuazua entrega cuentas no sólo mochas, humillantes, ya que el combate a la inseguridad se dejó de lado: Fuerza Civil es una caricatura de lo que fue hace años. Y Fasci todavía se atreve a justificar su mediocre gestión y, graciosito al contemplar o no la posibilidad de un Cártel Nuevo León, dijo: “Pero yo quiero que se calme la gente, que estén tranquilos. No veo ese riesgo, pero más vale soplarle al jocoque, es más, a la vaca, antes de que ponga la leche”. A los que hay qué calmar es a los delincuentes, no a los ciudadanos.

Otro tema es el de la obra pública y sus ruinas. El ejemplo mayor, el Metro y sus fallas estructurales. Como ingeniero, gran connaisseur, el Bronco minimiza las broncas de ese sistema de transporte y la falta de inversión en obra pública: “Claro, tan seguro es el Metro”.

Simbólica, y realmente, este gobierno siguió, como el de Rodrigo Medina de a Cruz, arruinando a Nuevo León. Ahora nos dice la titular de la Contraloría del Bronco, Lourdes Williams Couttolenc, que ya se investiga de oficio la presunta licitación amañada que favoreció a los sobrinos de Manuel González. Ni como broma, pasa.

¿Cuál es el trabajo de Samuel Alejandro? Que no convierta la corrupción del Bronco y sus secuaces en impunidad, como lo hizo Jaime con Rodrigo al cobijar sus latrocinios.