Por Félix Cortés Camarillo

El canciller Ebrard dio alguna pista sobre las intenciones de los que quieren se realice el plebiscito sobre la revocación de mandato y las de los que la rechazan. Dijo el carnal Marcelo, en la cima de la lambisconería, que los opositores le temen a que la encuesta simplemente ratifique la aceptación, preferencia y popularidad que goza su jefe entre el populacho mexicano.

Él, y su rival en los amores del presidente López para su sucesión, la señora Scheinbaum, dejan pasar la imagen inevitable de las intenciones de López Obrador ante lo que los propagandistas venden como la ratificación del mandato. Todo esto sobre el anuncio del INE en el sentido de que, como está económicamente imposibilitado para realizar cabalmente este sufragio, ha decidido posponer su posible realización mientras se dan las condiciones para ello.

El presidente López se ha pasado las mañanas insultando a los consejeros del INE que votaron en pro de posponer su payasada. Finge en realidad. A él le conviene que el supuesto plebiscito se posponga. De hecho, su primera rabieta por la actitud del INE en contra de su proyecto plebiscitario no quería las fechas que el instituto estableció. Por eso, esto de darle largas al asunto juega a su favor.

En las actuales circunstancias, lo que parece más lógico es que todo se vaya posponiendo y alargando para hacer coincidir el famoso plebiscito con las próximas elecciones federales en las que un par de importantes gubernaturas han de cambiar de manos. Además del beneficio de reaparecer en las boletas electorales a propósito de una cosa, el otro asunto se cuela a las mismas papeletas, en la misma fecha, con prácticamente el mismo aparato recolector y escrutador de votos, además de ser autoridad calificada para dar a conocer el veredicto.

El presidente López es muy astuto; de esta manera, las trampas que tiende a sus adversarios –en este caso el INE– son triquiñuelas diseñadas para que el ganador sea siempre el presidente López. Gane o pierda, siempre gana.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): con todo respeto, señor presidente: la idea de ayer de que sea el pueblo bueno el que haga el plebiscito de su ratificación de mandato es hábil. Usted sabe que es irrealizable. El costo de la payasada es el mismo, lo haga el INE o sus pandillas de activistas. El papel, la impresión, las mesas, los toldos, la tinta indeleble, siguen costando dinero. Con la inflación que le agradecemos a su gobierno, van a ir costando más. Y usted lo que quiere es que el INE le haga el numerito, para que de todos modos, cualquiera que sea el resultado, el INE pierda y merezca juicio político, como dicen los hampones a su servicio, o sustitución de consejeros, que es lo que usted quiere.

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