Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

El periódico El Norte reside en Washington, pero no en la avenida Washington del centro de Monterrey sino en CocoWash… sólo de esta manera se entiende que traten de imponer a los nuevoleoneses sus encuestas falsas y sus entrevistas a modo pero, sabemos, la opinión publicada no es la opinión pública.

Tal pareciera que para Alejandro Junco de la Vega, dueño del Grupo Reforma, el sexenio empezó este 11 de enero de 2022, no hace 100 días. Junco de la Vega quiere prolongar una luna de miel entre Samuel Alejandro y los ciudadanos, desea extender el bono democrático pero, en efecto, ya no hay ni bono ni luna. No se trata de 100 días –esa reverencia al sistema métrico decimal– sino de vida pública de más de un semestre como gobernador electo y como gobernador constitucional. Después de un semestre, García Sepúlveda está desgastado.

La credibilidad de El Norte va a la baja desde hace años, inexorablemente. Sus encuestas a modo no son creíbles, sus preguntas a modo al gobernador, menos. Sólo basta ver los comentarios de sus lectores a la encuesta para verificar el estado de ánimo crítico en su contra.

El Norte perdió la brújula es decir la objetividad es decir la veracidad es decir la credibilidad. Alejandro Junco quiere prolongar, desde la ficción, su apuesta por Samuel Alejandro, la luna de miel, el bono democrático, pero la calificación de 7.3 es desastrosa se le vea por donde se le vea. García Sepúlveda podrá tener tres doctorados, pero en el doctorado de su gubernatura, apenas pasa.

Una de las acepciones psicológicas de la hipnosis es la capacidad de dejarse influir por la sugestión, y que depende de la posibilidad de la transferencia. Junco de la Vega transfiere su propio deseo de mantener la popularidad del gobernador porque El Norte, se la cree, lo puso en el Palacio de Cantera. Hay algo enfermizo en esta actitud de hipnosis de sugestión y autosugestión.

Si Samuel Alejandro es sujeto de sugestión de Alejandro, ya valió. El Norte –mala compañía–es un medio desacreditado y arrastra al gobernador también al descrédito. Si desde su (auto) hipnosis Alejandro Junco de la Vega se quiere hacer pendejo, que lo haga, pero que no trate de hacer pendejos a sus lectores.