Por Francisco Villarreal

Los tres o cuatro asiduos y sufridos lectores de mis textos (no me atrevo a llamarles columnas) habrán notado mi ausencia. Un respiro muy merecido a su sufrimiento. La verdad es que la ausencia es mi salud, que hace tiempo se va y viene de mi vida como cometa borracho. Esta vez, una aparente infección en un oído que se ha complicado un poquitín. A nadie interesan esos detalles, pero debo anotarlos en lo general porque mi cerebro, de por sí dañado, oye demasiado de cerca los regüeldos óticos. El caos resultante no garantiza una reflexión razonable ni para lo obvio, como la inquietante semejanza de las frecuentes reuniones entre los gobernadores de nuevo Nuevo León y de viejo Jalisco (¿nueva Nueva Galicia?), con la encantadora camaradería entre aquellos dos líderes político-militares del siglo XX, cuya tierna historia de amor a primera vista surgió en Venecia, en junio de 1934. (Nota de amanuense: no, ni Hitler ni Mussolini eran regionalistas sino nacionalistas; las variantes locales “jalisquillos” y “regios” son patéticos y peligrosos remedos) ¡Lo dicho!, razonar entre crujidos de una hinchazón, sordos afuera pero estridentes a unos milímetros de la materia gris, confunde y alucina: un aquelarre de somas y dendritas.

Así me han “pasado de noche” las noticias. Más bien las he emulsionado todas un poco. Esta mayonesa informativa no sirve para embarrar un pan, un pri, un prd, un mc… así la hogaza sea blanca o morena. Sin un aderezo apropiado, no entiendo los siempre oscuros motivos detrás de acontecimientos apantallantes, como una “mañanera” reinera con la presencia del siempre virtual siempre, siempre, ciudadano gobernador. En realidad, y seamos francos, ningún acontecimiento declarativo o hasta interactivo de un mandatario o funcionario de “primer nivel” tiene sentido para la gente común. Son el ambigú donde políticos analistas y analistas políticos se sirven sus sangüichitos sibilinos para precognizar y urdir todo género de cosas. No hay efectos prácticos para mi vecina (padre y madre) que trabaja, vigila, cocina, lava, plancha, compra, paga, lanza mentadas, y recicla el agua de la lavadora para limpiar el porche. Ni para mi vecino, que sólo ansía llegar a su día de descanso para ponerse “bien jarras” y alborotar al barrio con el hocico de su flamante bocina de Coppel.

En estos días de mi tormento clínico, el servicio de la mesa informativa se ahorró tiempos y cubiertos. Apenas detecté mínimos cambios temáticos, más bien matices ñoños, particulares o desvalagados. Pareciera que el mismísimo Ferran Adriá diseñó esta larga comilona de noticias como deconstrucción culinaria. Picatostes de la misma baguette pagana y desnutrida con los que comulgamos hace ya rato. Las crisis siguen tan críticas como siempre. Un buen menú para la gula del analista, pero tacos de aire para los que esperamos un poco más de peso en el estómago y en la esperanza.

Don Andrés vino a Nuevo León. ¡Bienvenido! Nuestro estado es muy conservador y fifí, pero nuestra civilidad todavía es montaraz, ajena al culto de ese panteón empresarial que nos estigma peor que a Caín. La hospitalidad sigue siendo un valor importante y arraigado, aunque hasta el propio gobernador García se sienta incómodo desfilando como comparsa de carnaval junto al presidente López (Nota mental: debo revisar con más detalle el manejo de ambos mandatarios en redes sociales antes de que el cerebro se me acabe de pudrir… Creo que el chairismo youtuberiano sí hace su chamba). Don Andrés no nos trajo nada nuevo: declaraciones, promesas firmadas, papel mojado, y sombras chinescas para los estrategas partidistas. Por contraste, evidenció la cartilaginosa consistencia de un gobernador rebasado por todos lados. La Fiscalía estatal, toda ella muy autónoma, sigue en un brete por sus investigaciones tan… singulares. La intromisión oportunista del gobernador de poco le sirvió, porque culpar a la Fiscalía no redimió la incompetencia del gobierno estatal en seguridad, cada día más evidente, y con el mismo inapropiado titular enquistado como tlacote. Que la federación o un tribunal enmienden la plana a la FGJ, no remienda las ausencias estatales en la lucha inteligente contra el feminicidio, la desaparición forzada, y hasta la muy posible trata de personas (de cualquier color y género).

A pesar de las millonadas que dizque aportará la federación para la presa Libertad, ni esa presa es una solución ni el agua fluye. El problema ya está aquí. El agua no se crea milagrosamente, se sustrae en un lugar para llenar otro. Si hoy la captación posible de este embalse ya está rebasada por la sequía, cuando lo terminen estaremos más sedientos en la hidrópica ciudad y en el árido agro. Tampoco entusiasma el mentado tren ligero que uniría a Santa Catarina con el Aeropuerto. No creo que los catarinenses, ni todos los vecinos de la nueva vía, vivan con la angustia de no poder llegar al aeropuerto. Hay rutas más obvias para los desplazamientos masivos. Como en el caso del agua, para cuando la ruta nueva alivie el flujo de gente (si lo hace), seguro también estará rebasada por la demanda. ¿Más cuarteles federales? Agradeceríamos mejor por más detenciones, procesos y condenas (reales, no breves vacaciones a costas del erario).

La visita presidencial, con toda su rimbombancia republicana, no sirvió para mucho a los reineros. Tampoco las visitas del duce jalisciense, del archimandrita emecista y del sátrapa del INE. Ha dado, eso sí, tema para especular a pasto. Con el perdón de mis amigos analistas, por más rollo que engarcen, todo acaba siendo una “prensa rosa” de la política, ajena siempre a lo cotidiano, a la vida nada más, la que se engrandece y permanece con trivialidades como jalar la palanca del retrete o no disponer de un céntimo para completar un pasaje en el Metro. La gloriosa visita presidencial no ha cambiado un milímetro la ruta de colisión entre la opinión pública del verdadero público, el de gayola, contra autoridades socarronas y dubitantes, federales, estatales y municipales. Pero analistas y políticos con frecuencia ven a la gente sólo como ganado electoral o peones de la grilla.

Tal vez por mi peculiar dolencia, no escuché ni escucho una sola buena noticia palpable. Vi apenas la pasarela de funcionarios con discursos trasnochados donde sólo faltó el modelaje en traje de baño y pedir por la hermandad universal y paz mundial. Nada se concreta, nada aterriza, nada responde a la urgencia de cada crisis cuando, se sabe, las crisis no se difieren, sino que exigen soluciones inmediatas. Las víctimas ya no tienen paciencia, ¡la empeñaron! Hasta mis papas fritas sufren las consecuencias ahora que el aceite “en oferta”, cuesta 5 pesos más caro que hace 15 días. En resumen, mi salud puede ir y venir cuando quiera. En poco más de una semana de ayes, pinchazos y píldoras, no me perdí de nada. La cosa pública sigue lejos del público, y la nota diaria se divorcia cada vez más de su utilidad social. Concluyo que mis orejas de pescado han sido una verdadera bendición. “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?”, dijo Cicerón. Y se quedó corto, porque hoy de veras creo que hay muchos, muchísimos “Catilinas”…, y menos que menos paciencia.