En el marco del Día del Padre, el Hijo del Santo rememora los consejos que le dio el Enmascarado de Plata y el sufrimiento por no poder presumir que era su vástago

No tenía más de siete años cuando descubrió la verdad sobre su padre. Sí, aquel señor que todos los fines de semana se ausentaba de la casa no era un agente viajero, tal como habían dicho desde que tenía uso de razón. Aquel señor no vestía de traje ni usaba portafolio en su trabajo. No, lo suyo eran unas mallas, unas botas y una máscara plateada que se volvió legendaria e icónica en el mundo de la Lucha Libre y el folclor mexicano. Sí, no tenía más de siete años cuando descubrió que su papá era ¡El Santo!; señaló MILENIO.

La historia la recuerda con gusto y más en este año en el que está próximo a cumplir también 40 años de trayectoria sobre los cuadriláteros. Para el Hijo del Santo, el amor por la Lucha Libre se convirtió en un lazo inquebrantable con su progenitor.

Un niño afortunado

De las hazañas en los cuadriláteros, El Santo pasó a convertirse en todo un superhéroe de las películas. Su identidad fue uno de los secretos mejores guardados de la época, hasta que el mismo –ya en el retiro– decidió revelarla. Pero antes, nadie supo que Rodolfo Guzmán Huerta era el hombre detrás de la máscara, una dura prueba de confianza para su hijo que muchas veces quiso gritar a los cuatro vientos que El Santo era su padre.

“Tuve que aprender a cuidarlo, a no exponer su rostro ante la gente, pero era algo que me costaba trabajo porque es un gran orgullo decir que ¡mi papá era el Santo!, pero me lo tenía que guardar. La verdad a veces si decía que era mi papá (sonríe), pero fue muy bonito ser un niño tan afortunado”, relata el luchador a MILENIO-La Afición.

Y de inmediato cuenta un poco más como fue convivir con el gran ícono del cine y del pancracio: “Ser hijo del señor Guzmán fue una gran satisfacción. Tuve un papá muy presente porque cuando era pequeñito mi papá ya había logrado destacar en la lucha, en las historietas y en el cine; entonces tuve la oportunidad de convivir más con él, ya no eran tan largas las ausencias. Siempre lo admiré como padre y obviamente como luchador, pero como papá es mi gran ejemplo a seguir, y los sigo recordando día a día, y al Santo cada vez que portó su máscara lo tengo presente”.

El Hijo del Enmascarado de Plata también expresó su agradecimiento hacia su progenitor, quien con sus consejos le brindó una gran educación arriba y abajo del cuadrilátero; resaltó MILENIO.

“Fueron muchos consejos como en la Lucha libre como en la vida privada, pero lo más bonito fueron los valores que me inculcaron mis padres; mi papá fue un hombre muy honesto, respetuoso con la gente, y luchísticamente un hombre muy profesional, gracias a eso el Hijo del Santo lo ha hecho muy bien hasta este momento.

“Uno de los grandes consejos que me dio y que tengo muy presente fue cuando me dijo: ‘A veces vas a estar frente a 20 mil personas o más y a veces nada más 300 personas, y si hay 300 o 20 mil tienes que dar el mismo rendimiento que siempre’ y lo sigo haciendo, gracias a Dios a casi mis 40 años de actividad siempre me he brindado lo máximo al público”.

No fue fácil ser hijo de la leyenda

A pesar de ser hijo de Rodolfo Guzmán Huerta, el Hijo del Santo recuerda que vivió momentos muy complicados, sobre todo al inicio de su carrera profesional, ya que nadie creía que pudiera continuar con el legado que forjó su padre, pero con los consejos de la estrella de los cuadriláteros y de la pantalla grande logró superar esas adversidades; informó MILENIO.

“Lo más difícil fue al inicio, la gente no creía en el Hijo del Santo, incluso los medios especializados dudaban que el Hijo del Santo diera el ancho, pero afortunadamente tuve la asesoría de mi padre, aún vivía cuando debuté y él me inyectó esa confianza, me dijo: ‘Ten fe en ti, cree en ti, ten fe en Dios y lo único que te puedo aconsejar es que no quieras ser una copia del Santo, ten tu propio estilo’. El Hijo del Santo fue un luchador no más espectacular que mi padre, pero tal vez más veloz, con movimientos diferentes a los que el Santo nos tenía acostumbrados y eso me abrió el camino. Ha habido muchos momentos difíciles en mi carrera, pero la lucha libre y la vida son similares, así que si te caes te tienes que levantar”.

Sí, no tenía más de siete años cuando se enteró que el mítico Santo no solo luchaba contra otros gladiadores, vampiros, momias y criaturas sobrenaturales… Rodolfo Guzmán Huerta tenía un reto aún más importante que cumplió a la perfección: ser un padre ejemplar.

FRASE

“Tuve que aprender a cuidarlo, a no exponer su rostro ante la gente, pero era algo que me costaba trabajo porque es un gran orgullo decir que ¡mi papá era el Santo!, pero me lo tenía que guardar”

El Hijo del Santo

Luchador

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Se acabaron las apuestas

Una de las luchas más esperadas por los amantes de la Lucha Libre es entre el Hijo del Santo y Blue Demon Jr, con la cual se acabaría la rivalidad que comenzaron sus padres sobre los cuadriláteros el 7 de noviembre de 1952, cuando el Enmascarado de Plata despojó de su máscara al gran amigo del Deminio Azul, Black Shadow; resaltó MILENIO.