Por Obed Campos

Se llama “inteligencia” y no es porque Einstein o algún sabio la haya diseñado.

Se le llama “inteligencia” porque funciona con el acopio y el análisis de información.

Y este es el mayor de los artilugios de cualquier gobierno o cualquier cuerpo de seguridad: el saber. El capturar y compilar y organizar información que les permita prevenir.

Ah, y también es “el truco” de los medios de comunicación que se respetan.

Quien tiene información, tiene poder, según la máxima que nos han venido enseñando a los que de alguna manera u otra nos dedicamos a este oficio del periodismo, calificado como el más hermoso del mundo, pero de alguna manera también el más peligroso. Pero no es por lo peligroso que algunas veces vayamos de la mano con las fuerzas del estado, sino porque nos dedicamos más o menos a lo mismo: a conseguir información.

Así, no es una pistola o un fusil o una macana la mejor herramienta de un policía, preventivo o investigador. La mejor herramienta de un hombre de la ley es una pluma y una libreta (igual que un reportero). Ahora en estos tiempos un buen celular con cámara respetable no está de más.

Bajo administraciones gubernamentales como las que nos ha tocado vivir, en todos los niveles, que se ve la falta de ese oficio.

Y es que nuestros gobernantes confunden, por el relumbrón, el salir en socialitos o dedicarse al socialito con el manejo formal de la información, que otros más encumbrados y tenebrosos lo usan como exhibición de logros personales y no de las instituciones.

Culto a la personalidad de petatiux, vaya.

Pero como en las implacables leyes de Murphy: aquello que anda mal siempre es susceptible de empeorar y si “algo puede salir mal, saldrá mal”.

Y si nuestras autoridades, por ejemplo, el secretario General de Gobierno Javier Navarro Velasco está más preocupado por su hándicap en el golf que por las vecinas que protestan en colonias “bien” por falta de agua, muy poco o nada podemos esperar que salga de su despacho como “política de prevención del delito”.

En el caso del municipio de Monterrey las cosas están peor: la secretaria del Ayuntamiento, Ana Lucía Riojas, anda más preocupada por los colores del vestuario del próximo desfile (con pelucas y todo) que porque los regiomontanos podamos dormir tranquilos, sabiendo que existe una policía que nos protege.

Pero como esto se llama inteligencia, no espere usted que ni el secretario de Gobierno ni la secretaria del Ayuntamiento se preocupen.

Ellos dos llegaron a sus respectivos puestos a otra cosa.

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